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Full text of "Cuestión límites; el derecho de Mérida a la costa sur del lago de Maracaibo"

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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/cuestinlmiteseldOOfebr 



• I 




El Derecho de Mé 



A LA 

€OSTA SUR DEL LAGO DE MAIIACAIBO 

SEGUNDA EDICIÓN DECRETADA 

POR EL GOBIERNO DEL ESTADO MÉRIDA 

Aumentada con nuevos estudios y un índice Cronológico «le la docu- 
menta ción respectiva por el Doctor 

Tulio Febres Cordero 

Comisionado por el mismo Gobierno 



MÉKIDA— VENEZUELA. 

Tipografía de la Universidad de los Andes 
IMPJRESO POll ÁBISTIDE8 Cai:i;u i o 

1004 









CUESTIÓN LÍMITES 




de Mérida 



A LA 

COSTA SUR DEL LAGO DE MARACAIBO 

SEGUNDA EDICIÓN DECEETADA 

POR EL GOBIERNO DEL ESTADO MÉRIDA 



Aumentada con nuevos estudios y un índice Cronológico de la docu- 
mentación respectiva por el Doctor 

Tulio Pebres Cordero 

Comisionado por el mismo Gobierno 



MÉRIDA— VENEZUELA 

Tipografía de la Universidad de los Andes 

Impreso por Aristides Carrillo 
1904 



EL PRESIDENTE CONSTITUCIONAL 
DEL ESTADO MÉEIDA 

Considerando ; 

Que la edición hecha por el Gobierno Seccional 
de Mérida en el Estado Los Andes, de "El Dere- 
cho de Mérida á la costa Sur del Lago de Mara- 
caibo", se ha agotado. 

Considerando : 

Que después de 1891, año en que se hizo esa 
edición, se han conseguido otros documentos 
comprobatorios del derecho de Mérida, 
Decííeta : 

Art. 1? Hacer una segunda edición del Folleto 
"El Derecho de Mérida á la costa Sur del Lago 
de Maracaibo", agregándole todos los documentos 
conseguidos, 6 la referencia de ellos, y que no fi- 
guran en la primera edición. 

Art. 2? Para hacer estos trabajos se nombra al 
Doctor Tulio Febres Cordero. 

Art. 3 o Los gastos que ocasione esta segunda 
edición del Folleto, se harán por Tesorería con 
cargo al ramo de "Impresiones Oficiales". 

2701- 104 



— II — 

Art. 4° El Secretario General queda encargado 
de la ejecución de este Decreto. 

Comuniqúese y publíquese. 

Dado en el Palacio de Gobierno del Estado, en 
Mérida, á 31 de Diciembre de 1903.-93° y 45° 

Esteban Chalbaüd Cardona. 
Refrendado. 

El Secretario General, 

José Ignacio Lares. 



DOCUMENTOS PRELIMINARES 

Estados Unidos de Venezuela — Junta encargada del es- 
tudio de los límites de la antigua Provincia de Mé- 
rida. — Mérida: 2& de setiembre de 1891. 

Ciudadano Gobernador de la Sección. 

Presente. 

Tenérnosla honra de someter á la consideración de U 
la adjunta exposición sobre el derecho de Mérida á la 
costa Sur del lago de Maracaibo, como resultado de los 
estudios que ha venido haciendo esta Junta creada por 
ese Gobierno con el fin de recoger los documentos rela- 
tivos á los límites de la antigua Provincia de Mérida. 
Dicha exposición sirve al propio tiempo de refutación á 
dos publicaciones oficiales hechas en Maracaibo sobre 
este asunto de notoria trascendencia para esta Sección 
y, en general, para todo el Estado de los Andes. 

Con sentimientos de consideración y respeto nos sus- 
cribimos de U. - 

Muy atentos servidores 

Juan N. P. Monsant.-^TuUo Pebres* Cordero. — Félix 
A. Pino. 

EE. UU. de Venezuela — Los Andes — Sección Mérida. 

Gobierno de la Sección — Mérida : 20 de setiembre de 

1891—28 y 33. 
Resuelto : 

La Junta creada por el Gobierno de esta Sección, con 
fecha 7 de noviembre de 1890, para recoger todos los 
documentos y noticias sobre los límites de la antigua 
Provincia de Mérida, ha presentado en este Despacho un 
informe ó exposición relativa al derecho de Mérida á la 
costa Sur del lago de Maracaibo y su navegación ; para 
lo cual ha hecho estudio de gran parte de obras y docu- 
mentos de carácter auténtico. Al mismo tiempo refuta 
. en dicha exposición dos folletos que se han dado á la 
prensa en la capital del Zulia con motivo del propia 



asunto. El Gobierno Seccional, pues, habiendo leído y es- 
tudiado también el trabajo de dicha Junta, resuelve 
darle por su parte la aprobación correspondiente. Y por 
cuanto la materia de que se trata en la exposición es 
nada menos que la de límites territoriales de una parte 
de Los Andes con un Estado de la Nación, elévesela al 
conocimiento del Gobierno del Estado para que resuel- 
va lo que creyere conveniente. 
Oaracciolo Parra Picón. 
El Secretario, 

Juan N. P. Monsant. 

Estados Unidos de Venezuela — Estado Los Andes — Go- 
bierno Seccional — jST? 348 — Marida : 29 de setiembre 

de 1891—28? y 33? 
Ciudadano Secretario General. 

Presente. 

Para conocimiento del ciudadano Presidente del Es- 
tado, tengo á honra dirigir á TJ. la exposición que, refe- 
rente á los límites de la Sección Mérida con el Estado 
Zuliá, ha presentado en este Despacho la Junta creada 
por el Gobierno Seccional para recoger los documentos- 
y noticias que ilustran tan importante asunto. También, 
y para el mismo fin, me permito acompañar en copia au- 
torizada la Resolución de este Gobierno recaída al pie- 
de dicha exposición. 

Dios y Federación, 

Caracciolo Parra Picón. 

Estados Unidos de Venezuela — Secretaría General del 
E. Los Andes — N? 2.105 — Estadística y Fomento. 
Mérida : Octubre 6 de 1891—28? y 33? 
Ciudadano Gobernador de la Sección. 

Presente. 
En contestación á su atento oficio fecha 29 del p. pelo., 
tengo á honra manifestar á U. que el ciudadano Presi- 
dente del Estado ha leído con satisfacción é interés pa- 
triótico la ilustrada y trascendental exposición que ha 
presentado ;í ese Gobierno la Junta encargada para re- 



coger todos los documentos y noticias referentes á los 
límites de la Sección Mérida con el Estado Zulia; ex- 
posición que aprueba en todas sus partes, recomendando 
que se dé á la luz pública sin demora alguna. Devuelvo 
á U. el folleto que la contiene. 
Dios y Federación, 

V. Maiíquez BüStillos. 



EL DERECHO DE HERIDA 

A LA 

COSTA SUR DEL LAGO DE MARACAIBO 

La Junta creada por el Gobierno de la Sección Ma- 
rida con fecha 7 de noviembre de 1890, para recoger to- 
dos los documentos y. noticias sobre los límites de la an- 
tigua Provincia de Mérida, ha leído con atención el fo- 
lleto publicado en Maracaibo con el título de Límites 
entre El Zulia y Los Andes — Primera hoja del expedien- 
te — 1891. Esta publicación es obra de una respetable 
Junta creada allí por el Gobierno de aquel Estado para 
recopilar documentos relativos á los límites del Zulia, 
y en ella se pretende negar á Mérida el derecho que ha 
tenido y tiene para reclamar como suyas las costas del 
Sur del lago de Maracaibo, donde está fundada Gibral- 
tar; por lo que ha creído esta Junta de su deber hacer 
una exposición de los fundamentos en que se apoya di- 
cho reclamo, previo el competente estudio de tan im- 
portante materia, que no de ahora se ha visto Mérida 
en la necesidad de tratarla con la firmeza de quien sos- 
tiene la causa de la justicia y del derecho. 

I 

Dice la Junta Recopiladora de documentos relativos 
al Zulia : 

"M debe echarse en olvido en este negociado de lí- 
mites con nuestros vecinos de la Cordillera, que desde 
"el año de 1591, por lo menos, Maracaibo ó la nueva Za- 
"niora entonces, llamada así porque el Gobernador Ma- 
"zariegos con cuyos poderes la fundó en toda forma el 
"Capitán Pedro Maídonado, y uo Alonso Pacheco, como 
"se ha venido diciendo, era oriundo de la ciudad de Za- 



"inora, con la conciencia de sus derechos jurisdicciona- 
les sobre Gibraltar y demás puntos de las costas del 
"lago ejercía imperio y mando ; ni tampoco que de las 
"disquisiciones históricas y del estudio de los antiguos 
"archivos resultará que Maracaibo^ejerció jurisdicción no 
"contestada sobre esos mismos pinitos en los años de 
"1700 á 1800." * 

Que Maracaibo ó la Nueva Zamora, desde el año de 
1591, por lo menos, ejerciera imperio y mando sobre Gi- 
braltar y demás puntos de las costas del lago (hacia la 
parte del Sur), es una aserción absolutamente falsa, y 
sorprende, en verdad, cómo haya podido estamparla la 
honorable Junta del Znlia en aquel documento oficial, 
puesto que para sostenerla tendría que empezar por des- 
mentir á los historiadores de Venezuela y Nueva Gra- 
nada y ponerle fuego á los archivos públicos; pero tal 
desvarío histórico sirve, al menos, para motivar el que 
aquí se acopien algunas noticias y testimonios, de todo 
punto fehacientes, que prueban basta la saciedad que 
fué Mérida y no Maracaibo la que ejerció imperio y 
mando sobre Gibraltar y aquellas costas desde el año de 
1550 hasta fines del siglo XVII. 

Para ello, y como una ilustración de la materia, pue- 
de empezarse por los orígenes de Mérida. 

Los primeros españoles que entraron á las tierras de 
Mérida fueron los veinticinco soldados que despachó Al- 
finger para Coro con $ 00.000, los cuales se perdieron 
todos con excepción de Francisco Martín que salió á 
orillas del río Chama ó de los Estanques. Esto ocurrió 
el año de 1530; y el año anterior, L521), por lo menos, 
fué cuando Alfínger visitó la laguna de Maracaibo y no 
en 1540, como aparece en la publicación de la Junta 
del Znlia. 

En 1547, y no en 1062, como se dice en el menciona- 
do documento, salió del Tocuyo el Capitán Alonso Pé- 
rez de Tolosa á descubrir las Sierras Nevadas y llegó 
hasta el valle que más tarde se llamó de Santiago, don- 
de fundó el Capitán Juan Maldonado la villa de San 
Cristóbal eu 1561. 

Tero de estos primeros pasos de los conquistadores 



ningún título* ni derecho puede derivarse, ni Mérida los 
ha alegado nunca ni los alega en su favor, como lo sien- 
ta la Junta del Zulia, porque bien se comprende, según 
esta misma lo expresa, que en ese tiempo no había ni 
podía haber ciudades fii pueblos, ni aun caseríos forma- 
les con límites determinados ni definidos. 

[Nuestro dominio y posesión sobre la costa" del lago 
donde se fundó Cibraltar, empezó en 1559, en que fue 
definitivamente fondada la ciudad de Mérida por el Ca- 
pitán Juan Maldonado, * quince años antes que existiera 
la Nueva Zamora ó Mnracaibo. En dicha costa tuvieron 
desde entonces encomiendas de indios, por merced del 
Rey, ios Capitanes Gonzalo de A vendado y Pedro Gar- 
cía de Gaviria, Regidores de la ciudad de Mérida, Gar- 
cía de Caravajal, Alcalde de la misma, y los Capitanes 
Miguel de Trejo y Hernando Cerrada, y Antonio Corzo, 
Francisco de Castro, Francisco López Mejía, Antonio 
Aranguren, Juan Aguado, Antonio ííuiz Izquierdo y 
otros vecinos de esta ciudad ; y tenían estas encomiendas 
en paz, y doctrinados los indios cuando las visitó, ante 
el eseribaoojMÍbiico Juan de Castañeda, el Capitán Fran- 
cisco de Berrío, Visitador de esta Provincia, y cuando 
-estuvo en ellas como Corregidor el mismo Capitán Gon- 
zalo de Pina Lidueña, antes de que se fundara á Gibral- 
tar. 

Asentados ya aSlí por voluntad del Eey y en 13 o na b re 
y por autoridad del Cabildo y Regimiento de Mérida, 
estos primeros pobladores emprendieron el comercio de 
Jos frutos de la tierra con Venezuela. Santo Domingo, 
Cartagena y Santa Mar-ta por el puerto que tenían des- 
cubierto, puerto á que se rederen expresamente Rodrigo 
de Arguelles y Gaspar de Párraga, vecinos de Nueva 
.Zamora, en la descripción que hicieron de la laguna de 
Maracaibo en 1579, trece años antes de que se fundara 



~* El Capitán Juan Rodríguez SuáTez. natural de Mérida en Extre- 
madura, fundó la erudacl de Mérida á principios del mes de octubre de 
1558, en un valle á orillas del río de las Acequias, distante nueve leguas 
de las Sierras Nevadas. La expedición que trajo para, dicha conquista 
se organizó -en Pamplona del Nuevo Reino de Granada, donde á la sazón 
se hallaba Rodríguez ejerciendo el cargo de Alcalde Ordinario. El Capi- 
tán Maldonado, á ■■principios de 1559, trasladó la ciudad al sitio que hoj 
ocupa. 



G 

á Gibraltar, cuando dicen : "Hay en esta laguna un 
puerto que se desembarcan para ir á Trujillo, y otro 
puerto que se llama de Mérida." Y más adelante : 
u . . . .ansí mesrao del puerto de Trujillo y Mérida pue- 
den tener y traer los bastimentos» y refrescos de los di- 
chos pueblos Trujillo y Mérida : hau salido ya navios 
cargados tie harina y bizcocho y jaulones y ajos y cordo- 
banes y badanas y otras cosas." 

A este comercio debió su fundación Nueva Zamora, 
en 1574, de orden del Gobernador Mazariegos, después 
de despoblada la primera fundación "hecha por el Capi- 
tán Alonso Pacheco con el nombre de Ciudad Rodrigo, 
pues interesaba á los de Venezuela tener también un 
puerto en la laguna, á semejanza de los pueblos ribere- 
ños Mérida y Trujillo. 

Visto el incremento que diariamente tomaba aquel 
comercio, en 17 de setiembre de 1591, el Cabildo de Mé- 
rida dio comisión al Capitán Gonzalo de Pina Lidueña 
para que fundase una Villa en la ribera del lago perte- 
neciente á dicha ciudad. En 5 de diciembre del misino 
año, aprobó dicha comisión el Presidente del Nuevo 
Reino de Granada Dr. Antonio González, y á principios 
de 1592 fundó Pina Lidueña la Villa con el nombre de 
San Antonio de Gibraltar. Todo esto consta en Real Cé- 
dula de 12 de setiembre de 1592. 

Debe tenerse presente que Mérida desde su fundación 
perteneció al Nuevo Reino de Granada hasta 1777 en 
que fué incorporada á la Capitanía General de Vene- 
zuela junto con Maracaibo, y que esta ciudad, desde su 
origen, formó parte de la antigua Gobernación de Vene- 
zuela, hasta 1078 en que fué agregada á Mérida, y como 
tal al Nuevo Reino. 

Demostrado ya que Mérida era dueña y poseedora de 
la costa sur del lago de Maracaibo, desde mucho antes 
que se fundara Nueva Zamora, y que Gibraltar fué fun- 
dado en sus términos y por sus vecinos, citaremos en 
síntesis, en obsequio de la brevedad, los documentos pú- 
blicos y los historiadores que nos sirven para compro- 
bar la no interrumpida jurisdicción que ella siempre 
ejerció directamente sobre Gibraltar hasta fines del siglo 



XV1T, copia abundante de testimonios, de autoridad 
incontestable en punto á esclarecer un hecho histórico 
que nuestros compatriotas del Zulia pretenden descono- 
cer ahora, sólo porque es argumento poderoso en favor 
de Mérida en esta cuestión de límites, y que, en unión 
de otras consideraciones de mayor peso todavía, habrá 
de ser tenido en cuanta por el Cuerpo Soberano de la 
Sfación cuando se ocupe en reformar la actual ley de di- 
visión territorial de la República. 

1580 — Acta del Ayuntamiento de la ciudad de Mé- 
rida, de 21 de junio de 1589, por la cual se conceden 
unas tierras á Miguel Baltasar de Vedoya en la orilla del 
lago de Maracaibo, junto al puerto llamado de Cara- 
vajal. En este documento, anterior á la fundación de 
Gibraltar, que fué en 1592, consta expresamente que los 
límites de Mérida se extendían hasta las aguas de la la- 
guna de Maracaibo, en cuyas riberas existía ya un puer- 
to fundado por uno de los primeros ocupantes, García 
de Caravajal, Alcalde de Mérida, establecido allí junto 
con los otros merideños ya mencionados, puerto que se 
llamó Caravajal, como queda dicho. 

1592 — Eeal cédula de 12 de setiembre de 1592 en que 
consta la fundación dé Gibraltar, como villa enteramen- 
te sufragánea de Mérida y en que aparece que esta ciu- 
dad desde su origen, 1558 ó 1559, estuvo en posesión 
de la costa Sur del lago de Maracaibo. 

1597 — A este año .corresponde la descripción de la la- 
guna de Maracaibo hecha por el Capitán Pina Lidueña, 
documento inserto en la nueva edición de la Historia de 
Venezuela de Oviedo, ilustrada por D. Cesáreo Fernán- 
dez Duro, de la Real Academia ele la Historia. En esta 
descripción dice el mismo fundador de Gibraltar lo si- 
guiente : U Y para que los mareantes y mercaderes que 
tratasen en aquella laguna no se les haga agravio y el 
comercio se acreciente, sería muy uecesario que la juris- 
dicción desta laguna fuese toda una, y con esto no se 
les haría agravio en ninguno de los dos pueblos que hoy 
están poblados eu la laguna, porque la Nueva Zamora 
es de la jurisdicción de Venezuela, y San Antonio de Gi- 
braltar, que yo poblé, es de la jurisdicción del BeinoJ 1 



1600 — En este año es destruida Gibraltar por ios in- 
dios Quiriquires y sale de Metida á reedificarla el Capi- 
tán Diego Prieto Dávila, por orden de la Real Audien- 
cia de Bogotá. (Fr. Pedro Simón, Noticias Historiales.} 
El Capitán Prieto Dávila era á la sazón Corregidor y 
Justicia Mayor de la cindad de Mérida, y en diciembre 
de 1600 recibió la Real provisión á q;ie se refiere el his- 
toriador citado, en la cual le ordenaba el Rey, entre 
otras cosas, lo siguiente : — "Y habiendo reedificado y 
puesto en paz y quietud debajo de mi obediencia y co- 
rona real la dicha villa (San Antonio de Gibraltar) de. 
estar subjeta ella é los vecinos é moradores que en ella 
quedaren á la dicha ciudad de Mérida y Cabildo de ella 
y sufragánea á sus mandamientos y órdenes, dando vos. 
el dicho Diego Prieto Dávila, como capitán de la dicha 
reedificación, orden para que todos los vecinos é mora- 
dores de las vertientes de la dicha laguna de Maracay- 
bo que tuvieren indios de encomienda en las dichas ver- 
tientes de la dicha laguna acudan á hacer \eciudad en 
ella, á lo que son obligados como tales vecinos, y ampa- 
rar á los dichos naturales sus encomendados y á que vi- 
van en la paz y quietud é policía que deben y como les 
está encargado por los títulos de encomienda con que en 
mi real nombre poseen los dichos indios." 

1607 — Real cédula de diez de diciembre de 1607, por 
la cual se separad Mérida de Tunja y se erige en Corregi- 
miento separado, incluyendo en sus términos d La Gri- 
ta, villa de San Cristóbal, Barinas y San Antonio de Gi 
oraltar. 

1608 — Decreto de 18 de junio de 1608, por el cual el 
Capitán Pedro Yenegas, Corregidor y Justicia Mayo* 
de Mérida, nombra en ella por su Teniente á García 
Martín Buenavida, en virtud de tener que trasladarse d 
Gibraltar el dicho Capitán Yenegas a reedificarla por 
encargo y especial comisión del Presidente del Nuevo 
Reino D. Juan de Borja. 

1611 — Tres títulos ó concesiones de tierras en los lla- 
nos de Gibraltar, despachados en este año por el Ayun- 
tamiento de Mérida en favor de Diego de la Peña, Juan 
Pérez Cerrada v Juan de León. 



g 

1612 — Acta del Cabildo y Regimieuto de Mérida, en 
que dispone qne haya oficiales reales en Gibraltar y que 
se construyo allí una casa de tapia y teja para seguridad 
de los frutos y mercaderías. 

1617 — Siendo Gobernador de Mecida D. Fernando de 
Arrieta, salió de es<¡# ciudad, según Fr. Pedro Simón, el 
Capitán Juan Pérez Cerrada con una expedición de gue- 
rra, y sometió y castigó á los (^uiriquires que asediaban 
á Gibraltar. 

1623 — Fr. Pedro Simón, que escribió sus Noticias His- 
toriales de 1623 á 1626, dice lo siguiente, al bacer la des- 
cripción de la laguna de Maracaibo en la primera parte 
de su obra, que es la que existe impresa : "Corriendo la 
misma costa del Sur, está el pueblo que llaman de Gi- 
braltar, sujeto á la jurisdicción de Ja ciudad de Mérida, 
cuyos frutos se descargan allí como después diremos 
más largo." Y en la segunda parte inédita, que se halla 
en Bogotá, al tratar de Mérida y de sus producciones de 
cacao y tabaco, dice: "... .pero sobre todo lo que más 
luce son las de trigo que se da mucho y muy bueno en 
las tierras templadas, de cuyas harinas tienen saca para 
la ciudad de Cartagena por las fragatas que llegan dos 
ocasiones al año por la laguna de Maracaibo á un puer- 
to que llaman de Gibraltar, donde para esta ocasión se 
hicieron á los principios ciertas bodegas que yéndose 
multiplicándose convirtieron en ciudad como hoy lo es- 
tá, de quien ya habíanlos en la primera parte. Hoy es 
de los más famosos puertos de estas Indias, por la gran 
suma de fino tabaco que se embarca en él de la ciudad 
de Barinas." (Tomado de Un Viaje á Venezuela por D. 
Isidoro Laverde A maya, literato colombiano). 

1625 — Tres títulos ó concesiones de tierras eu térmi- 
nos de Gibraltar, despachados en este año por el Gober- 
nador y Capitán General de Mérida en favor de Rafael 
López de Contreras,»Fraucisco Granados y Bartolomé 
Franco. 

1626 — Treinta títulos ó coucesioues de tierras en tér- 
minos de Gibraltar, por toda la costa Sur del lago de 
Maracaibo, despachados en este año por el Gobernador 
y Capitán General de Mérida en favor de las personas 



_ 10 

siguientes: Capitán Francisco Ortiz Maldouado, Antonio 
de Orduña (dos títulos^), Capitán Juan Pérez Cerrada é 
hijos (dos títulos), Juan de Arandio, Juan Rodríguez 
Luzóu, Cristóbal de la Vera, Juan de Paredes, Luis de 
Trejo, Juan Fernández A ndalu/ % Lorenzo Ramos Gabi- 
lán, Juan de Santiago, Alonso Torres del Palacio, Juan 
Muño/, Francisco Pérez Riquel, Miguel Sánchez Pachón, 
Catalina González Duran, Juan — hijo menor de Lorenzo 
Ramos Gabilán, — Rafael López de Contreras, Lorenzo 
de Roa, Manuel Enríquez Jardín, Pedro de Rivas, Blas 
de Solís, Juan de la Cruz, Fray Francisco de Santama- 
ría (del Convento de San Francisco), Garpar Méndez de 
Canzo, Diego García de Carvajal, Pro. Alouso Matías 
de Hinestrosa y Juan Rodríguez Casanova. * 

1627 — Cuatro títulos ó concesiones de tierras en tér- 
minos de Gibraltar (costas del lago de Maracaibo), des- 
pachados en este año por el Gobernador y Capitán Ge- 
neral de Mériila en favor de Doña Juana de Vedoya, 
Dionisio Izarra, Bartolomé Frauco y Pro. Francisco Fer- 
nández de Ojeda. 

1628 — Nueve títulos ó concesiones de tierras en las 
costas del lago de Maracaibo, términos de Gibraltar, 
despachados en este año por el Gobernador y Capitán 
General de Mérida en favor de Juan de Paredes, Escri- 
bano Publico, Luis de Mendoza, Capitán Diego Prieto 
Dávila (dos títulos), D a Isabel Cerrada, Licenciado Pe- 
dro Ángel, Capitán Alonso. Pacheco Maldouado, Fran- 
cisco Pérez Riquel y Jusepe Rodríguez. 

1629 — Dos títulos ó concesiones de tierras en térmi- 
nos de Gibraltar, despachados en este año por el Gober- 



* En obsequio fie la brevedad, habríamos podido prescindir de expre- 
sar los nombres de los agraciados en el formal reparto de estas tierras, 
pero creemos que conviene publicarlos como un dato histórico intere- 
sante sobre el origen de la propiedad en la costa Sur del lago de Mara- 
caibo ; y sentimos no poder determinar, aunque fuese en síntesis, la ex- 
tensión de la tierra y sus linderos, respecto de cada título, pues tratán- 
dose de más de setenta documentos sería alargar demasiado esta exposi- 
ción. Bastará indicar, por ahora, que las estancias de tierra á que ee re- 
fieren estos títulos estaban destinadas al cultivo del cacao, en su mayor 
parte, y se extendían desde donde empezaba la costa de Trujillo, hacia 
el ancón de Maruma, hasta la boca del río de Pamplona, hoy Znlia, en- 
trando en ellas los fértiles y dilatados llanos de Gibraltar y las tierras 
d*> los BobtrreB. 



-11 

nador y Ga pitan General de Mérida en favor del Pro. 
Buenaventura de la Peña y Bartolomé Franco, 

Corresponde también á este año, 1629, la ley XX, tí- 
XXXXII, libro IX de la Recopilación de Leyes de In- 
dias, que dice : "D. Felipe IV en Madrid á 31 de mayo 
de 1629 — Que los vecinos de la gobernación de la Grita 
puedan traginar su¡# frutos en los navios que tuvieren, 
como se ordena. — Permitimos á las ciudades de Mérida 
de la Grita, San Antonio de Gibraltar y las demás de 
aquella gobernación, que no yendo navios de permisión 
de estos reinos, puedan sus veciuos y habitantes en ellas 
navegar sus frutos á la Habana y Cartagena en los na- 
vios que allá tuvieren, haciendo registro ante los ofi- 
ciales reales de San Antonio de Gibraltar, y pagando 
los derechos que se nos debieren." 

1630 — Siete títulos ó concesiones de tierras, cinco en 
términos de Gibraltar y dos en tierras de los indios Gua- 
ruríes, vegas del río Cliama, hacia la laguna de Mara- 
caibo, despachados en este año por el Gobernador y Ca- 
pitán General de Mérida en favor del Capitán Lorenzo 
Cerrada, Capitán Diego Prieto Dávila, Juan Marcos, 
padre Rector del Colegio de la Comp*añía de Jesús, Lam- 
berto Nicolás, padre jesuíta, (dos títulos), Juan Aguado 
y Andrés de Vergara. A estos dos últimos, en las tierras 
de los meucionados Guaruríes, indios que infestaban la 
comarca y el puerto de San Pedro, á quienes sometió, 
en tiempo del Presidente D. Juan de Borja, el Capitán 
García Várela, que salió de Mérida con treinta soldados 
y más de noventa indios amigos en tal empresa. 

1631 — Un título ó concesión de tierras en los llanos 
de La Grita, vertientes á la laguna de Maracaibo, des- 
pachado por el Gobernador y Capitán General do Mé- 
rida en favor de Francisco Chacón. 

1632 — Un título ó concesión de tierras en términos de 
Gibraltar hacia el ancón de Maruma, despachado por el 
Gobernador y Capitán General de Mérida en favor de 
José Rodríguez. 

1633 — Dos títulos ó concesiones de tierras, en térmi- 
nos de Gibraltar (costas del Lago), despachados por el 
Gobernador y Capitán General de Mérida en favor de 



Capracip de Trejo y del P. Miguel G. Tolosn, Rector del 
Colegio de la Compañía de Jesús. 

1634 — Tres títulos ó concesiones de tierr.is, dos en 
términos de Gibraltar y el otro en los llanos de la lagu- 
na de Maracaibo, sobre el río Chama, despachados en 
este año por el Gobernador y Capitán General de Me- 
tida en favor de Rodrigo de Leiva, el P. Miguel de To- 
losa, de la Compañía de Jesús, y un'iudio ladino, repre- 
sentado por Pedro Rodríguez. 

1G35 — Tres títulos ó concesiones de tierras en las cos- 
tas del lago de Maracaibo, términos de Gibraltar, des- 
pachados en este año por el Gobernador y Capitán Ge- 
neral de Mérida en favor de Juan Cuello Correa, Fran- 
cisco Bernal y Tomás García. 

— Real cédula de 23 de marzo de 1G35 en que se or- 
dena que la real caja establecida en Gibraltar, se asieu- 
te en la ciudad de Mérida, en la cual consta que aque- 
lla ciudad y puerto era del Corregimiento de Mérida. 

1G3G — Un título ó concesión de tierras hacia la costa, 
términos de Gibraltar, despachado en favor de Juan de 
Vedoya por el Gobernador y Capitán General de Mé- 
rida. • 

1G37 — Cinco títulos ó concesiones de tierras en las 
costas del Lago, términos de Gibraltar, despachados en 
este año por el Gobernador y Capitán General de Mé- 
rida en favor de Domingo de Plaza, D? Beatriz de la 
Plaza, Alférez Mayor Lorenzo Cerrada, Capitán Domin- 
go de Gavióla y Fernando de Arrieta. 

1G43 — Real cédula de 17 de junio de 1G43 en que se 
ordena la fortificación de la Barra de Maracaibo, y don- 
de consta que Mérida contribuyó con tres mil pesos y 
con armas para dicha obra, por corresponderé la defen- 
sa de Gibraltar y sus costas. 

1G47 — Real provisión dirigida al Gobernador de Mé- 
rida, en que se manda á los gobernadores de los puertos 
marítimos que tengan prevenidos los castillos y presidios 
contra las invasiones que intentaren los enemigos de la 
Corona. En virtud de esta real orden el Gobernador, 
que lo era D. Francisco Martínez de Espinosa, convocó 



13 

gente de anuas y dispuso trasladarse personalmente á 
Gibraltar. 

1663 — Reales cédulas de 15 y 30 de cuero de 1063 cll- 
r-iíjidas al Gobernador de Mérida y La Grita, encargán- 
dole cuide de la defensa y prevención de los puertos de 
ia provincia, para resguardarlos <le los designios de los 
ingleses. (Se refiere á los puertos de Mérida). 

— Autos de gobierno en cumplimiento de una Eeal 
«cédula que prohibe el arribo de buques extranjeros á las 
costas de Tierra Firme, por los cuales consta que en es- 
te año, 1063, el Gobernador de Mérida, D. Miguel de 
Ursúa y Arismendi, Conde de Xerena, asistió personal - 
snente en Gibraltar á la reparación de trincheras y de- 
más cosas leseantes á su defensa contra los .piratas y 
corsarios. 

3T>66 — Documentos públicos en que se registran al gu- 
ajas noticias sobre el saqueo de Gibraltar por el famoso 
pirata llamado el Olonés, y en que aparece que salió de 
Mérida en su socorro el Gobernador D. Gabriel Guerre- 
ro de San do val, quien sucumbió allí con mucüos oficia- 
les y vecinos notables de esta ciudad. 

1696 — En este año acabo de escribir el P. Alonso de 
7jivaioví\ sa Histeria déla Provincia de S. Antonino del' 
Nuevo Reino de Granada, en la cual consta de muchos 
pasajes que Gibraltar era de Mérida. En el capítulo 
VIII, al hacer la -determinación geográfica del Nuevo 
Keiuo, dice: "Desde B. Marta al cabo de la Yela hay 
cincuenta leguas .y en cIUub están las pesquerías de per- 
las del río. (leí Hacha : de esta pnnta á la de Chichiva- 
coa ponen cuarenta, en que empieza -el golfo de Vene- 
zuela, la gran laguna de Maracaibo, el Puerto de Gibral- 
tar, perteneciente á la Gobernación de Mérida, que se ex- 
tiende ¡por ochenta leguas hasta el cabo de S. Román." 
Y hablando de la reducción de los indios Laches y Chi- 
itarreros, di-ce : "que se extendían desde las orillas del 
río Chicamocha hasta los confines de la Gobernación de 
Mérida, en que se comprendían las naciones de los Ti- 
motes, Burbures, Cayos, Cbinatos, Sufataes, Guacas, 
Motilones y Capachos." Y más adelante, al mencionar 
nuestro fainoáo cacao, se expresa .así : "Sn estimación 



14 

aumenta los caudales de aquella Gobernación, por ser 
toda ella fértilísima, y licúas de plantas de cacao, como 
también del tabaco celebrado de Barinas, y de ambos 
géneros hay continuos tratos con las embarcaciones de 
Europa y Nueva España, que vienen todos los años á la 
laguna de Maracalbo, término de esta Gobernación? 1 

Puede citarse también el artículo del Diccionario His- 
tórico de Moreri (edición española de 1753), referente á 
Mérida, que dice textualmente así: 

"Mérida, ciudad de la América meridional, situada 
casi sobre los límites que separan á Venezuela del Nue- 
vo Reino, en un terreno abundante en todo género do 
frutos, en donde se encuentran también venas de oro. 
Está á cuarenta leguas de Pamplona Lacia el este-nor- 
dneste, y á 18 del gran lago de Maracaibo, sobre cuyas 
márgenes hay una población, á donde los habitantes de 
Mérida llevan una vez ó dos al año sus frutos y otras 
mercaderías, á fin de trasportarlos de allí con barcas á 
provincias vecinas. De Laet, Indias occid. 1. 9 c. 6. Th. 
Cornelio Dicción, geogr." * 

Se han hecho estas citas de incuestionable exactitud 
y valor histórico, como una muestra tan sólo del grande 
acopio de documentos que favorecen á Mérida en este 
asunto de límites con el Znlia, pues en realidad no son 
documentos sino uu archivo entero el que testifica que 
Gibraltar y sus costas le pertenecen. Allí están los ex- 
pedientes en que cousta el movimiento administrativo 
de la antigua Gobernación de Mérida ó del Espíritu 
Santo de la Grita, que con ambos nombres se conocía 
toda lo provincia de las Sierras Nevadas, expedientes 
sobre todos los ramos, político, rentístico y judicial, que 
abarcan desde la conquista hasta riñes del siglo XVII, 
años en que empezó la decadencia de Gibraltar á causa 
de las hostilidades de los piratas y los indios motilones, 
lo que vino á coiucidir con la traslación del Gobierno á 
Maracaibo, que desde 1670, á pedimento de sus vecinos, 



* Laet. citarlo aquí, es Juan <le Laet, natural de Araberes, muerto en 
]<>19. que hizo una descripción de las Indias OccidentaJ.es en 18 libros ; 
y Th. Cornelio, os Tomás Cornelio, miembro de la Academia Francesa, 
que publicó*n 1707 un Diccionario universal geográfico histórico. 



_ — 15 

como dice Oviedo, había sido agregada í\ Mérida, de la 
cual dependió alguuos años. 

Consta, además, que desde el principio hubo rivali- 
dad mercantil entre el puerto de Mérida y la Nueva 
Zamora ó Maracaibo, jorque los vecinos de este lugar, 
prevalidos de su posición en el Lago, pretendieron es- 
torbar el libre comercio de Gibraltar con los puertos de 
las Antillas y Costa Firme. Consecuencia de esto es la, 
ley de Indias^ ya copiada, y que no es otra cosa que la 
habilitación de Gibraltar para el comercio directo con 
la Habana y Cartagena. 

Dominando, pues, Maracaibo sobre Mérida y toda su 
jurisdicción, en que entraban, como se lia dicho, La Gri- 
ta, San Cristóbal, Barinas y Gibraltar, fáci 1 fué á la 
nueva metrópoli emplear los recursos del gobierno para 
hacerse señora del Lago y convertir en su propio bene- 
ficio las desdichas de la ciudad que hasta entonces le 
había disputado victoriosamente tan codiciado señorío. 

Y no estará demás hacer constar que aun sometida 
Mérida en lo político y militar al Gobernador é Inten- 
dente de Maracaibo, éste respetaba sus derechos á la 
costa Sur del Lago, como puede comprobarse con lo dis- 
puesto oficialmente por dicho empleado en decreto de 
25 de setiembre de 1793, a propósito de una exploración 
dirigida por Fr. Eduardo de Victoria, prefecto de las 
misiones de la Provincia, en el río Chama, hacia su de- 
sembocadura en el Lago, con el fin de hacerlo navega- 
ble, Al recibir los papeles del caso, dispuso el Goberna- 
dor lo siguiente : "Compulsado testimonio de este expe- 
diente, se remitirá con orden de este Gobierno al Cabil- 
do Justicia y Regimiento de la ciudad de Mérida, á fin 
de que persuadido de las ventajas que pueda traer al co- 
mercio y agricultura de aquella jurisdicción la navega- 
ción y tráfico del rio Chama, resuelva, acuerde y propon- 
ga los medios y arbitrios que estime menos gravosos á 
sus habitantes." 

Eespecto á la segunda parte de la aserción de la Jun- 
ta del Zulia, que replicamos, relativa á que Maracaibo 
ejerció jurisdicción sobre esos mismos puntos (Gibraltar 
y sus costas) en los años de 1700 á 1800, bien se com- 



JO' 

prende que así fué desde el momento en que tales pun- 
tos pertenecían á la provincia de Mérida. como se ha 
demostrado plenamente, y que Maracaibo, como capital, 
ejerció jurisdicción sobre toda dicha provincia: la ejer- 
ció sobre La Grita y San Cristóbal ; la ejerció sobre Ba- 
rínas hasta 1786, en que ésta fué erigida en provincia ; 
Ta ejerció sobre la misma Mérida, y con mayor razón so- 
bre Gibraltar, que era el cantón ó distrito de Mérida 
que le quedaba más cerca, puesto que estaba allí mismo, 
en el Sur del Lago, y cuya dependencia, por la razón 
antes dicha, venía á ser un triunfo para Maracaibo. Y 
no sólo ejerció esa jurisdicción como capital de la pro- 
vincia que al cabo llevó su nombre, sobre todos los lu- 
gares de la Gobernación de Mérida, sino que también la 
tuvo, desde 1786, sobre la ciudad de Trujillo y sus tér- 
minos hasta 1810, en que el pueblo trnjrllano proclamó 
la revolución del 19 de abril y se constituyó en provin- 
cia independiente. 

La residencia del Gobernador y Capitán General en 
Maracaibo, nada arguye en favor del derecho jurisdic- 
cional que alega dicha ciudad, porque á la provincia de 
Mérida, cuyo territorio se extendía desde el Apure hasta 
las riberas del Lago y desde el Táehira hasta los límites 
con Trujillo, fué agregada, como sufragánea, la ciudad 
de Maracaibo y sus estrechos y muy reducidos términos ; 
y era y continuó siendo Mérida la capital de ese gran 
distrito territorial, y cuando mas tarde, sin carácter de- 
finitivo y como medida provisoria, se trasladó el Gober- 
nador á Maracaibo, siguió titulándose Gobernador y Ca- 
pitán General de la Provincia de la Grita, Mérida y ciu- 
dad de Maracaibo &f, demostrando así la supremacía de 
la jurisdicción de Mérida. Pruébalo con evidencia el he- 
cho de que asi encabezaban sus despachos y órdenes 
D. Juan José de Valderrama de Haro, D. Manuel de' 
Altuve y Gavina y I). Francisco Antonio de Salcedo 
que rigieron la Provincia desde 1734 á 1743, y una Real 
Provisión expedida en el Pardo, ¡i once de enero de 1737, 
en que el Bey se dirige (copiamos textualmente) al Go- 
bernador y Capitán General de la Provincia de Mérida, 
Ja Grita y ciudad de Maracaibo. 



17 

ISío hemos hallado la disposición real que autorízase 
esta traslación, y decimos que se hizo como medida pro- 
visoria, porque asi se desprende de documentos de aque- 
lla época relativos á cobranzas reales, eu que cousta que 
el Maestre de Campo D. Antonio de Vergara Azcárato 
y Dávila, que, según parece, fué el primer Gobernador 
de Mérida que fijó su residencia en Maracaibo, dio po- 
der en toda forma a D. José de Santamaría y Ángulo 
para que cobrase sus sueldos de Gobernador y Capitán 
General, en la ciudad de Mérida, donde tenía su asiento 
la real caja de la Provincia y era á la sazón Juez de fas 
Reales Cobranzas el Mtre. de Campo General D. Grego- 
rio de Eiera y Cevallos, quien pagaba así mismo los 
sueldos de la infantería, cabos y demás personas emplea- 
das en las guarniciones de la Barra y presidios de la la- 
guna de Maracaibo. * 

Está demás que Maracaibo haga sobre este punto 
disquisiciones históricas ni estudio de sus antiguos ar- 
chivos, pues aquí mismo, en los nuestros, se halla cons- 
tancia de esa dominación sobre Mérida y sus términos 
y, por consiguiente, sobre Gibraltar; dominación que 
en nada la favorece, porque es muy claro que el gobier- 
no que en lo político y como capital llegue á ejercer una 
ciudad sobre toda una provincia, no le da uingúu título 
para retener como propios lugares de ajenajurisdiccióu, 
cuando por razón de derecho haya dejado de ser tal ca- 
pital. 

Esto fué lo que ocurrió en el presente caso : sometida 
Mérida al gobierno de Maracaibo, como queda dicho, en 
1781 lo desconoce y sigue la revolución de los Comuneros 
del Socorro, junto con La Grita y San Cristóbal, pero 
una expedición al mando del Ayudante Mayor D. Fran- 
cisco de Alburquerque, la sometió nuevamente á dicho 
gobierno ; y así permaneció hasta el año de 1810, en 
que proclama la revolución del 19 de Abril y de hecho 



* El Rey tenía situados en las reales cajas de Mérida para el pago de 
sueldos eu un año la suma de treinta y siete mil cuatrocientos diez pesos. 
Por aquel tiempo el Gobernador y Capitán General de la Provincia ga- 
naba al año mil seiscieuto.s cincuenta y cuatro pesos tres reales y diez 
maravedís. 



J8 

i 
y de derecho se separa de Maracaibo y se constituye en 
provincia independiente. 

Y bien se comprenderá que, dada la ruina de Gibraltar 
y la falta de comunicación con estos pueblos del interior, 
no hubiese para 1810 ni comercio, ni caminos ni la me- 
nor corriente de vida entre Mérida y su antiguó puerto, 
á tiempo que lo insalubre é impenetrable de aquellas 
regiones abandonadas por luengos años, iban á servir á 
la naciente provincia republicana de segura defensa 
contra las invasiones de los realistas, dueños de Mara- 
caibo y de todo el Lago hasta el año de 1821. De aquí 
que Mérida no intentara siquiera reivindicar esa parte 
de su territorio. 

iío estará demás reproducir en este Jugar las pala- 
bras con que empieza el Preliminar de la Constitución 
que en 1811 se dio esta provincia : "La ciudad de Méri- 
da — decían nuestros primeros legisladores — fué capital 
de la provincia de este nombre, pero trasladado el go- 
bierno á Maracaibo ha más de un siglo, quedó reducida 
á la clase de subalterna con perjuicio de sus derechos : 
con la erección de la silla Episcopal en 1777, fué consti- 
tuida cabeza de Obispado y por este medio se reparó al- 
gún tanto la injuria que se le había irrogado ; mas siem- 
pre quedó en lo temporal sujeta al Gobierno de Mara- 
caibo. Son notorios los perjuicios que se han seguido á 
sus habitantes de esta dependencia, teniendo que pa- 
sar por puertos pestilentes y atravesar la Laguna en so- 
licitud de su justicia." 

Nos duele, á la verdad, tener que hacer estas reminis- 
cencias de una época en que Mérida fué victima de in- 
justa opresión por parte de Maracaibo, tanto más cuan- 
to que desde 1821, en que ésta proclamó su independen- 
cia, las dos provincias se abrazaron á la sombra del her- 
moso pabellón de la República, y desde entonces han 
venido ligadas por muy estrechos vínculos de confrater- 
nidad y simpatía ; pero á ello nos obliga en esta ocasión 
la defensa de intereses muy sagrados para nuestro suelo 
nativo y la necesidad de refutar las apreciaciones histó- 
ricas de todo punto inexactas á que nos hemos referido 



10 



j que figuran en un documento oficial del Zulia. Ami- 
cus Plato, sed magis árnica venias. 

Sellado ya el glorioso proceso de nuestra. Independen- 
cia, el Ayuntamiento de Mérida se ocupó, á principios 
del año de 1824, de la apertura del camino de Gibraltar, 
y, al efecto, couvocq, una junta de vecinos notables pa- 
ra tratar de la materia-, de suyo importante, pues á más 
de las causas arriba indicadas, las vicisitudes de la mag- 
na guerra habían precipitado necesariamente la deca- 
dencia de la provincia; pero por la penuria de sus ren- 
tas nada pudo adelantarse entonces en aquel sentido. 

El patriota D. Juan de Dios Picón, primer Goberna- 
dor constitucional de Mérida, decía al Gobierno nacio- 
nal en 1831 : "La única comunicación de esta ciudad 
con Maracaibo, es por Moporo ó la Ceiba, distantes de 
seis á siete días, cuya distancia y dificultades que pre- 
senta el mal estado del tráfico, aumentan los costos de 
introducción, retardan las introducciones y paralizan el 
eficaz movimiento que da vida al comercio : con este 
motivo varios individuos de esta ciudad, recordando el 
antiguo camino que había de ésta á la de Gibraltar en 
cuatro días y medio cuando más y con muchas más ven- 
tajas con respecto al puerto y navegación á Maracaibo, 
formaron una compañía con el objeto de abrir expresa- 
mente camino, y al efecto solicitaron del Gobierno de 
Colombia, en el año 29, un privilegio que fué concedido 
por el término de veinte años, pudiendo cobrar el de- 
recho de peaje y el de aduana y emplear las tierras bal- 
días del transito en los establecimientos que formasen. 
La compañía, después de haber emprendido algunos 
trabajos, cedió á la Diputación provincial el privilegio 
para que concluyese la empresa á favor de las rentas 
municipales: actualmente se trabaja en su conclusión, 
y espero que no obstante las dificultades é inconvenien- 
tes que se experimentan se concluya una obra tan inte- 
resante al fomento de la agricultura y adelantamiento 
del comercio de estos cantones." 

Traemos estas noticias de aquellos años inmediatos á 
nuestra Independencia, para que se vea que Mérida, con 
la conciencia de que Gibraltar es su puerto, no lia per- 



20 

íImÍo ocasión de promover nuevamente su comunicación 
y comerció con el Lago por esa parte de su antiguo te- 
rritorio, cuja restitución solicitó formalmente desde 
1840, reclamo justísimo que ba repetido después basada 
siempre en razones de notoria solidez y trascendencia. 

Mucho hincapié hace la honorable Junta del Zulia en 
la ley de división territorial de OoloVubia de 1824 y en 
la de Venezuela de 185G. Pues si es precisamente con- 
tra lo establecido en tales leyes que reclama Mérida, 
porque ellas lian dado á Maracaibo parte de su territo- 
rio, leyes que no obstante eso, Mérida ha respetado y 
obedecido en cumplimiento del deber, pero contra las 
cuales ha tenido siempre levantada la muda cuanto elo- 
cuente protesta que se desprende de sus títulos irrefu- 
tables, de la geografía, que le señala el Lago como su 
límite natural, y de la justicia y conveniencia de dar 
puerto propio á una importante sección de la República 
que, encerrada dentro de sus altas montañas, vive como 
Tántalo, teniendo delante un lago hermosísimo, que en 
otro tiempo surcó libremente, y al cual no puede acer- 
carse ahora, porque otro pueblo le disputa el paso en la 
ribera. 

El artículo 17 de la citada ley de Colombia da á en- 
tender claramente que tal división era provisional. La 
Junta del Zulia, al citar dicho artículo, omitió esa parte 
importante y por ello lo copiamos textualmente: 

"Art. 17. El Poder Ejecutivo fijará provisionalmente 
los límites de los cantones creados por esta ley. Los de 
las provincias y departamentos serán los actualmente 
conocidos, ó que por ella se señalan. El Poder Ejecutivo, 
sin embargo, hará levantar los mapas y adquirir las no- 
ticias y conocimientos necesarios, para que pasáudolos 
al Congreso, la Legislatura designe definitivamente los 
límites de los departamentos, provincias y cantones." 

Y viene en apoyo de esto mismo el decreto legislativo 
de 26 de julio de 1827, que dice : 

"Considerando^: 1? Que es muy conveniente que en 
la designación y arreglo de los límites de las provincias, 
cantones y parroquias se consulte al beneficio y como- 
didad de los pueblos, y á la mayor facilidad para su ré- 



gimen y administración. — 2 o Que el trascurso del tiem- 
po y la experiencia van manifestando la necesidad y 
conveniencia de variar, conforme á los principios indi- 
cados, los límites que una vez se han fijado; han venido 
en decretar y decreta if: 

"'Art. I o El Poder Ejecutivo podrá variar los limites 
de los cantones y parroquias, aun cuando se alteren en 
alguna parte los de las provincias y departamentos, to- 
mando antes los informes y noticias que estime condu- 
centes y que acrediten la necesidad y conveniencia de 
i a reforma." 

Ya se ve, pues, que estas disposiciones del Congreso 
de Colombia abonan la causa de Mérida, pues robuste- 
cen las razones éu que se apoya para pedir la reforma 
de la ley de división territorial vigente en la parte de 
sus límites con Maracaibo. 

Dice la Junta del Zi.tj.ia (y por algo lo dice) que nada 
valen los títulos en este asunto de límites con la Cordi- 
llera y llega hasta calificarlos de "blasones y pergami- 
nos de pueblo." En los considerandos de la ley del Con- 
greso de 1850, que fijó los límites entre Maracaibo y 
Trujillo, hallamos la mejor refutación á este respecto* 
He aqui el documento : 

"El Senado y O? de R. de la R? de Venezuela reuní- 
dos en Congreso: vistas las solicitudes que desde el año 
de 1842 ba elevad) al Congreso y al Poder Ejecutivo la 
Diputación provincial de Trujillo, reclamando la resti- 
tución de sus antiguos límites con la provincia de Ma- 
racaibo, y considerando: 

"I o Que dicha diputación provincial ha acompañad© 
veinte documentos que alcanzan hasta el año de 1806 
para comprobar la justicia de su solicitud, á tiempo que 
la de Maracaibo, excitada dos Teces por el Poder Ejecu- 
tivo para enviar los documentos que obrasen á su favor, 
no ha i>odkk> producir -ninguno para justificar el título 
con que se ha iutemado sohre la costa oriental del La- 
go. 2 o <^iie sobre ser las aguas de dicho Lago el límite 
natural de ambas provincias, la de Maracaibo no sufre 
¡ningún .agravio, restituyendo á Trujillo las dos y inedia 



22- 



teguas *le costa,que La ocupado Lacia el interior; y 3 
Que este acto de justicia contribuirá eficazmente á sal- 
var á Trujillo del estado de postración en que actual- 
mente se halla, decretan : 

"Art. I o Las provincias de Maracai'oo y Trujillo re- 
conocerán por límites las aguas del Bago, quedando su- 
jeto á la jurisdicción de Trujillo todo el litoral compren- 
dido dentro de los ríos denominados Motatán de los ne- 
gros, que demora al 'Norte, y Poco que demora al Sur." 



Y como quiera que Mórula puede presentar gran co- 
pia de documentos que obran en su favor y justificar 
plenamente la conveniencia y necesidad de que se le 
restituyan sus costas del Lago, esta ley constituye un 
precedente favorable á su solicitud, digno de la mayor 
consideración, puesto que se trata de un caso perfecta- 
mente análogo. 

Es de esta oportunidad exponer que Trujillo era due- 
ña y poseedora de gran parte de la costa oriental del 
Lago desde £it fuudación, 1556, y que en ella tuvo 
puerto propio llamado de Trujillo ó de las Barbacoas, 
donde estaban poblados los indios Moporos y Tomoporos, 
según Fr. Pedro Simón. Agregada la provincia de Tru- 
jillo á la de Maracaibo en 1780, cuando aquella se de- 
claró independiente en 1810, perdió como Mérida sus 
costas, que reclamó en debida forma desde 1842 y que 
el Congreso de 1850, por un acto expreso, como se ha 
visto, le devolvió en [Justicia ; sentencia de autoridad 
incontestable, emanada del Cuerpo Soberano de la Na- 
ción, en virtud de la cual Trujillo posee lo que legítima- 
mente le pertenece. Sobre esto no cabe discusión, por- 
que es materia pasada ya en autoridad de cosa juzgada. 

Y por lo que respecta al Táchira, que hasta 185G for- 
mó parte de la provincia de Metida, en los antiguos ar- 
cliivos de La Grita existen sus títulos á la costa del La- 
go, desde la desembocadura del río Escalante hasta la 
del Catatumbo, títulos de todo punto fehacientes que 



_o» 



en 1878 sé publicaron por lá prensa, de orden del Con- 
cejo Municipal de la expresada ciudad de La Grita. * 

Quedan, pues, reseñados los fundamentos históricos 
en qne basa Mérida su reclamo •, y, en verdad, que sólo 
ellos bastarían para que en justicia se le atendiese, si no 
existieran como existan poderosas razones de otro or- 
den que alegar, tales como la conformación geográfica 
de estos lugares, eli que la naturaleza misma sale en 
nuestra defensa, y los principios de derecho público que 
rigen en punto á límites de los Estados, materias que se 
tratarán en seguida. 

II 

Muchos y muy poderosos argumentos se hallan en el 
extenso campo de la ciencia jurídica para demostrar, en 
modo evidente y cabal, la justicia que ha asistido y asis- 
te á Mérida en las reclamaciones que en distintas épo- 
cas ha hecho y actualmente hace, á fin de que La Nación 
declare como sus límites territoriales por el norte las 
aguas del Lago y, además, se-le dé derecho á su nave- 
gación. 

Son muy distintas las reglas que determiuan y se- 
ñalan las relaciones de las Naciones entre sí y las que 
rigen las agrupaciones que con el nombre de Estados ó 
Provincias forman una sola Nación. Las Naciones son 
personas jurídicas iguales en categoría, independientes 
de toda autoridad y que no tiené*n otra norma de sus 
actos públicos que los principios generales de justicia y 
los pactos ó tratados que entre ellas se celebreu. 

El derecho privado de un país está subordinado á los 
principios que lo rigen, y varía según sea la forma de 
gobierno que se haya adoptado para su vida política -y 
civil. Así, pues, los asuntos propios de los Estados ó 
Provincias de una Nación no pueden ser ventilados á la 
iuz de los principios del Derecho de Gentes ó Interna- 
cional, sino sólo eu'lo que ataña á la organización so- 
cial. Y en esto mismo, las prácticas que llegaron á ser 



* Gran Título de Propiedad de todo el terveno que encierra la antigua 
jurisdicción de la ciudad dé La Grita, corvespondiente al Ilustre Concejo Mu- 
nicipal y vecinos de esta misma ciudad. — San Cristóbal, Impreuta del Es- 
tado á cargo de Eulogio Sosa. — 1878. (17 pág. en 8?) 



-2i- 

eons; gradas como leyes, han sufrido lautas modifica- 
ciones como impulsos lia dado la civilización para Llevar 
la sociedad por el dichoso sendero de su propia conser- 
vación y prosperidad. 

La Conquista, por ejemplo, con todo el cortejo de abu- 
sos y hasta de sangre, fué así un* derecho indiscutible, 
hasta que el jesuíta español Suárez se amparara de ki 
civilización cristiana para condenar severamente tales 
usos que la barbarie aplaudía, con mengua de la excei- 
eitud de! humano espíritu. 

La Grecia, con su pléyade ilustre de filósofos, consa- 
gró como actos de heroísmo las matanzas en los com- 
bates. "En tiempo de la primera guer médica los grie- 
gos dieron muerte á los heraldos enviados por Darío á 
Atenas y á Esparta para pedir el agua y la tierra en 
señal de sumisión." * 

Los derechos de avMna y de naufragio abrieron por 
mucho tiempo ancho campo á la expropiación. Y Roma 
oía á eada paso el Ego qmdem wundi Deminus de sus 
Emperadores, frase con la cual hacían alarde de su do- 
minio absoluto en los mares. 

Pero todo ha cambiado felizmente, y las Naciones 
presentan hoy los Códigos que dirigen sus relaciones, 
levantando por doquiera el tema sacrosanto de la liber- 
tad, lejos, muy lejos de ese espíritu de absolutismo que 
dominara en épocas sombrías; quedando acaso alguna 
Nación que continúe, abusando de su fuerza, por la sen- 
da tortuosa de tales prácticas que tanto afean las pá- 
ginas de su historia. 

Concretando: en el asunto que exponemos no puedeu 
alegarse como base de argumentación, principios espe- 
ciales del Derecho Internacional ; y si algunos traemos 
á colación, es porque así los da la ciencia en apoyo de 
nuestros legítimos intereses ; ó sea,, para reforzar el cú- 
mulo de razones que abonan nuestros derechos ; ya que 
ios principios que dominan hoy las relaciones de los pue- 
blos no son otros que los (pie abren al hombre todas las 



OaIv<h fhrrrlm I ¡i 1,-riKi "/'<< l¡ 'i / , 



'Jo 

franquicias, todas las libertades posibles, tanto en lo so- 
cial como en lo político y mercantil. 

Con ello, pues, tratemos de llevar al ánimo de la ho- 
norable ó ilustrada Junta del Zulia el convencimiento 
de que no está en lo cierto ni en razón al negar á Mé- 
rida derechos que le du> la Naturaleza y que le han con • 
firmado títulos jurídicos de distinto orden que se fundan 
en la justicia y en la necesidad imperiosa de abrirse los 
pueblos ias fuentes naturaies de su riqueza y felicidad. 

Veamos y analicemos en esta parte los argumentos 
de los honorables miembros de la Junta del Zulia. Fun- 
dan su derecho actual, especialmente, en las leyes de di- 
visión territorial de Colombia de 1824-y la posterior de 
Venezuela de 1850. y en la posesión que en virtud de 
ellas ha tenido Maracaibo en la costa ^ur del Lago : he 
aquí los argumentos presentados ; he aquí los títulos 
aducidos y con los cuales preténdese echar por tierra un 
derecho anterior, legítimo é indiscutiblemente adquirido 
y cuya posesión, tenida desde la Conquista, tranquila, 
robustecida por mil títulos y tan antigua como la exis- 
tencia de estas poblaciones, ha sido precisamente inte- 
rrumpida por esos mismos actos que se alegan como de 
gran fuerza por la honorable Junta dei Zulia ; debiendo' 
advertir, desde luego, porque ello es digno de medita- 
ción, que los actos legales, por los cuales se fijarou lí- 
mites, dieron á éstos el carácter de provisionales, y que 
en 1850, el mismo Congreso estableció como i>remisa 
que el límite natural entre Trujillo y Mara'caibo eran las 
aguas del Lago. Con esta aclaratoria, pasemos adelante. 

"Subsistentes en definitiva, puede decirse, esas leyes 
"con muy lijeras cambiantes, durante tantos años, y 
"cuando para ello se tuvieron en cuenta las graves con- 
sideraciones que entrañan siempre las cuestiones rela- 
tivas á los límites políticos de los pueblos, tenidas en- 
"tre estos, con justa razóu, como de la más alta impor- 
tancia, no puede penarse que esté en razón ni en dere- 
"cho, ni que, por todo esto, sea discreto, darle de mano 
"á tales y tan antiguas y continuas leyes, prescindir, 
"puede decirse, de la vida política de la Nación en años 
¿> "ele años, respetada en ellos por todos los pueblos de la 



2G 

"República, aceptada por los mismos sin contradicciones 
"justificables, para ir á rastrear el polvo de Jos papeles 
"coloniales, cúmulo caótico de concesiones que las cir- 
cunstancias demandaban en aquellas nuestras primiti- 
"vas épocas en cuanto á territorio^ del que, en resumen, 
"se vendría en cuenta que no habría pueblo, ni provin- 
cia, ni Estado, ni aun Nación de la? de Sur América, 
"por lo menos, que tuviese límites fijos y que á derechos, 
"títulos y concesiones territoriales de entonces no pu- 
"diese oponer títulos y documentos del mismo linaje." 

Esto dice la honorable Junta del Zulia, y para apoyar 
esta teoría, cita, en seguida, la opinión de Wheaton y 
Wattel, renombrados autores de Derecho Internacional. 

Ciertamente : el asuntó de demarcación de límites en- 
tre Naciones y pueblos es asaz delicado, y por ello no 
puede echarse atrás su importancia, ni dejarse debe de 
rastrear esos archivos que tanta luz nos suministrap pa- 
ra hacer claro, cierto y cabal el derecho de un pueblo. Si 
para asuntos tales, como para cualesquiera otros, que in- 
teresan á.la yida política y social de las comunidades, 
hubiésemos de decechar la historia, rompiendo esos pa- 
peles viejos y las más veces carcomidos, pero que bajo 
el polvo que los cubre, contienen tesoros iuvaluables, 
vendríamos, en verdad, á parar á un estado cifótico y la- 
mentable, con todo el cúmulo de simazonesy disturbios 
consiguientes. Antes, pues, de quebrantar vínculos sa- 
grados de paz y de armouía : antes que adoptar teorías 
que la civilización condena y el estado social anatemati- 
za ; antes de insistir aferrados á la razón del hecho con- 
sumado, aleguemos nuestros derechos, pero mostrando 
como base y fundamento de ellos el código de la justi- 
cia ; haciendo salir además de entre el polvo de los ar- 
chivos la luz de la historia, que es guia segura en el la- 
berinto de los tiempos, y semillero de títulos de irrefu- 
table probauza. 

Ante los argumentos, pues, que aduce la honorable 
Junta zuliana, para sostener su causa, presentamos los 
títulos que legitiman nuestros derechos y de seguro, los 
miembros de esa Junta, con el criterio é ilustración que 
poseen, habrán de concluir con la confesión de que Me-* 



-27- 

rida tiene perfecto derecho á la costa Sur del Lago de 
Maracaibo. 

Como el primero de los títulos de Mein da, en el orden 
cronológico, está la conquista y ocupación del territorio. 
Muy debatida ha sido* entre los publicistas la legitimi- 
dad del primer título; pero es lo cierto que la conquista 
"legitimada y reconocida después por los tratados ha 
venido á constituir parte deLDerecbo internacional eu- 
ropeo ; muy especialmente, después del descubrimiento 
de América y los que al terminar la edad media se hi- 
cieron por Asia y África." (1) 

Conquistada, pues, la América y reconocida dicha 
conquista por las demás naciones, vinieron las funda- 
ciones en su inmenso territorio. Creóse la ciudad de Mo- 
rirla, y, desde luego, como era natural y lo demandó in- 
mediatamente el acrecentamiento de su población, ad- 
quirió á título de ocupación varios lugares, muy espe- 
cialmente hacia la parte norte, ó sea, hacia el Lago, 
fundando én seguida varios pueblos que como Gibraltar, 
fueron emporio de riqueza. Que la ocupación sea otro 
título de dominio, lo ha consagrado así el Derecho en 
todas sus épocas, ya sea el romano que sentó bases pa- 
ra las relaciones de los hombres entre sí, ora sea la prác- 
tica de las ísTacioues que luego á luego formaron los 
principios del Derecho Internacional. 

"Los fundamentos particulares en que se apoyan los 
derechos recíprocos de los Estados, son : I o Los tratados 
internacionales. 2 o La ocupación ó toma de posesión." (2) 

"Cuando una nación encuentra un país inhabitado y 
sin dueño, puede apoderarse de él legítimamente, y una 
vez que ha manifestado hacerlo así, .no es lícito á las 
otras despojarla de esa adquisición." (3) 

"La tierra pertenece á los hombres en geueral ; pero 
habiéndose multiplicado extraordinariamente el género 



(1) Calvo, Derecho Internacional. 



(2) Bello, Derecho de Gentes. 



[3) Heffter, Derecho Int»ruacion<tJ. 



28 

humano, Filé necesario que los pueblos se fijasen en al- 
guna parte y -que se apropiasen varias porciones de te- 
rreno, para que trabajando con seguridad y sin temor 
de perder el fruto de sus afanes, se dedicasen á fertili- 
zarlo y sacar de él su subsistencia. Desde que se intro- 
dujo el derecho común á todos Jos hombres se limitó en par- 
ticular d ¡o qu<i cada uno posee legítimUmente. El país que 
habita la nación, ya porque se ha trasladado á él, ó por- 
que las familias que lo componen se hayan formado en 
cuerpo de sociedad, este país es el establecimiento de la 
Xación ; sobre el cual tiene un derecho propio y exclu- 
sivo. Dos cosas comprende este derecho : el dominio, en 
cuya virtud puede la Nación usar sola de aquel país pa- 
ra sus necesidades; segunda, el imperio, ó el derecho de 
mando soberano por el cual ordena y dispone á su gus- 
to de todo lo que jrasa en el país." (1) 

Si respetamos, pues, estas opiniones que son por otra 
parte principios de Derecho, y si descubrimos esa multi- 
tud de papeles que, aunque cubiertos de polvo, son do- 
cumentos preciosos de nuestra historia, habremos de 
concluir que Mérida, ya como primera ocupante de la 
costa del Lago, ya como fundadora de Gibraltar y otros 
puertos, y ya, en fin, en virtud de derechos concedidos 
explícitamente por el monarca español, gozaba del im- 
perio y del dominio en dicha costa y navegaba libre- 
mente en las aguas del Lago, que era por otra parte la 
única vía marítima que tenía para la exportación de sus 
productos. 

Viene luego la consideración de otro título, consagra- 
do por el Derecho de Gentes y por el Civil : la prescrip- 
ción. Registremos las obras que más ilustran sobre la 
materia. 

"La prescripción es la exclusión de uu derecho fun- 
dada en el largo intervalo de tiempo durante el cual ha 
dejado de usarse, ó la pérdida de un derecho en virtud 

DE UN CONSENTIMIENTO PRESUNTO. La prescripción CS 

aun más necesaria é importante eutre las naciones que 
entre los individuos. Se requiere para la prescripción: 
duración no interrumpida por cierto número de años ; la 

d) Wattel, Pcrecho efe Ocnies. 



__.29 

buena fe del poseedor, y que el propietario se haya des- 
cuidado realmente en hacer valer su derecho." (1) 

"•Él Derecho público europeo no admite indistinta- 
mente la autoridad de la prescripción. . ..La practica 
internacional ha rehusado siempre admitir la prescrip- 
ción <Je una manera^ absoluta Es pues cosa corriente 

que los derechos una vez adquiridos subsisten indefini- 
damente, ó mientras las partes interesadas no los renun- 
cien ó se hallen imposibilitadas para realizarlos." (2) 

La propia doctrina se ve establecida en las obras de 
Wattel y Calvo, trayendo esta última, casos prácticos 
que no reproducimos por evitar la aglomeración de citas 
■que haría por demás di&so este opúsculo. 

Apliquemos, pues, las doctrinas citadas al caso con- 
creto^ no porque creamos, es bueno repetirlo, que ellas 
sean decisivas en la materia, desde luego que no se tra- 
ía de límites entre naciones distintas, sino Tínicamente 
como argumento de analogía, y para demostrar que no 
rehuímos la discusión en este terreno ; que antes bien, 
nos suministra multitud de razones que aclaran nues- 
tros derechos. 

Las tres Secciones de los Andes fueron primeras ocu- 
pantes de las riberas dei Lago que las limitan ; fundaron 
en ellas muchos pueblos ; fomentaron en éstos el comer- 
cio y las industrias, contribuyeron á su defensa contra 
el espíritu destructor de las tribus indígenas y de los pi- 
ratas; no pueden ser, pues, más fundados en justicia los 
títulos de adquisición, y por ellos, los derechos de do- 
minio é imperio que ejercieron. 

Eesp'ecto del título de la prescripción, Mérida puede 
«llegarlo eon documentos de valor jurídico indiscutible; 
nadie, sino ella lo posee, y, sin los otros títulos que jus- 
tifican y legitiman su derecho, la prescripción bastaría 
para que cualquier juez decidiera en favor suyo. 

Que ha llenado por su parte las condiciones requeri- 
das por el Derecho, esto es tan claro como la luz ; y só- 



(1) Bello, JDcrcchode Gentes. 



(2.) Heft'ter, Derecho Internacional 



— m-. — 

lo el que quiera tender sobre la historia un velo irrasga- 
hle, ó el que no siente la buena fe como base de argu- 
mentación, podría negarlo. La ocupación, la íuudacióu 
de pueblos, su posesión desde !a Conquista, su conser- 
vación, su defensa : be aquí títulos jurídicos de autori- 
dad irrefragable. En las distintas cambiantes que sufrió 
en su jurisdicción, siempre se le consideró en los térmi- 
nos primitivos; y cuando, desde 1810, Maracaibo vino á 
ejercer sobre la costa una jurisdicción de hecho, Mérida, 
como las otras Secciones, nunca manifestó" consenti- 
miento, ni siquiera presunto, para consolidar tal pose- 
sión ; pudien do hacer, para demostrarlo en modo perfec- 
to y cabal, la exposición de lo ocurrido. 

De 1810 hasta la terminación de la guerra de la Inde- 
pendencia, nada propicio fué este término para hacer re- 
clamación de ninguna especie; pero vino la normalidad, 
y un Congreso de Colombia rijo límites provisionales 
entre las distintas provincias que componían la Repú- 
blica. Húbola separación de Venezuela, y luego al 
punto, Mérida y Trujillo empezaron á reclamar sus de- 
rechos. 

Trnjillo reclamó por órgano de su Diputación provin- 
cial, y después, inspirada su representación en el Con- 
greso por el verdadero espíritu público, luchó, luchó, 
hasta obtener corona de triunfo que luce en la frente 
de aquellos beneméritos ciudadanos. 

Menos afortunada Mérida, ha reclamado en vano la 
reintegración de sus derechos arrebatados ; pero ha re- 
clamado y ha, aducido razones de poderosísima fuerza 
jurídica, y ha instado, y ha argüido, y ha rogado; pero 
desgraciadamente la razón y la justicia á la continua 
sufren derrota injustificable, y hechos que tuvieron ori- 
gen vicioso hasta la saciedad, se respetan, con mengua 
de la civilización, como consumados, infiriendo así gra- 
ve perjuicio al derecho legítimo de los pueblos. 

En 1830, el Sr. Don Gabriel Picón, Gobernador de la 
Provincia de Mérida, que comprendía bajo su jurisdic- 
ción al Táchira, dirigió mensaje especial á la Diputación ; 
y ésta, presidida por el Sr. Don Domingo Guzmáu, ele- 
vó al Congreso una solicitud, de razonamiento conclu- 



31 

yente, por la cual se pedía la nueva demarcación de la 
Provincia, pero acatando para ello los derechos de Mé- 
rida en las riberas del Lago. 

En 1850, el Congreso Nacioual dio á Trujillo una 
parte del litoral del Lago; motivo por el cual Maracai- 
bo, en un folleto publicado el 19 de enero de 1856, pidió 
la revocatoria del Excreto de 9 de abril de 1850. Esta 
publicación fué origen de otra hecha en Trujillo por los 
Sres. Doctor Eicardo de Labastida, Manuel María Ca- 
rrasquero y Antonio Arias; publicación esta en que, 
con maestría, erudición y acopio de argumentos conclu- 
yentes, se sostienen de nuevo los derechos de estas Sec- 
ciones al litoral del Lago. 

En 1805, el ' Ejecutivo Nacional promovió cuestión 
"sobre colisión de la ley-contrato para la navegación 
del Lago de Maracaibo con el Sr. Federico Harris y el 
Estatuto posterior del Estado Zulia respecto de la^ mis- 
ma navegación." La Alta Corte Federal, antes de dictar 
el fallo correspondiente, se dirigió á los Estados de la 
Cordillera, solicitando informes sobre la materia. El Eje- 
cutivo del Estado se dirigió á su vez á la Legislatura y 
ésta evacuó el que le correspondía en sesión de 11 de 
enero de 1863, e l Cli al fué mandado publicar por el Go- 
bierno del mismo Estado, á cuyo frente estaba el Sr. D. 
Domingo Trejo. 

Por último, en 1869, el cantón de Gibraltar, en una 
representación razonada y juiciosa, anunció al Gobierno 
de Marida que dirigiría al Congreso Nacional una soli- 
citud por la cual pediría su segregación, del Estado Zu- 
lia y su consiguiente anexión al de Mérida. El Gobier- 
no del Estatlo se dirigió á la Legislatura del propio año ; 
y* esta Corporación acordó, como era natural, apoyar 
aquella petición, ocurriendo con documentos al Congre- 
so : el Sr. Dr.'Eloy Paredes, Presidente entonces del Es- 
tado, quiso también tratar el asunto con el vecino Es- 
tado Zulia y diputó eu comisión al Sr. Gral. José B. Ca- 
bal don, cerca de su Gobierno. 

Con estos datos, débese concluir á la luz de los prin- 
cipios del Derecho — y rebatiendo el título de la pose- 
sión, que se alega en modo concluyente y formal — que 



(permítasenos la repetición en obsequia (Te h\ claridad y 
la precisión) Mérida adquirió, á título de ocupación, una 
gran parte del litoral del Lago • que allí bizo fundacio- 
nes de algunos pueblos, ó lo que es lo mismo, gastó, tra- 
bajó, se afanó por extender <¿l progreso en esas comar- 
cas, habitadas sólo por tribus salvajes ; que las poseyó, 
según consta de documentos de autoridad irrefutable, 
por muellísimos años:' y que cuando, por circunstancias- 
excepcionales, como las de la guerra de la independen- 
cia, le fué arrebatado el litoral, no descuidó oportunidad 
en que no reclamase contra aquella usurpación. En sín- 
tesis : Mérida adquirió por justo título : poseyó por tiem- 
po inmemorial ; v r confirmó sus derechos con la prescrip- 
ción. De modo que la posesión que en la costa Sur del 
Lago lia ejercido Maracaibo, ha sido nada menos que 
una perturbación de los derechos de Mérida, efectuada 
sin fundamento justificable alguno, y contra la cual Mé- 
rida ha reclamado ante la opinión pública y ante las au- 
toridades competeutes, que si basta boy han sido sordas 
á la voz de la justicia, tiempo vendrá en que ésta brille 
con toda la luz de la verdad y la razón. 



Examinemos el asunto desde otro punto de \ista, y 
obtendremos el convencimiento, que- cualquiera que sea 
la faz porque se le considero, habrá de concluirse, por 
imposición de la más sana lógica, (pie Mérida tiene per- 
fecto derecho á la costa Sur del Lago que se ha llamado 
de Maracaibo. 

!s T o paremos ya mientes en los títulos que justifican 
aquel derecho, tal como los hemos estudiado ; porque 
demostrado está con cabalidad de razones, que la ocu- 
pación, fundaciones y posesión legítima; ó sea, la pres- 
cripción, títulos de adquisición consagrados por todas 
las legislaciones, son también los que posee Mérida pa- 
ra fundar su justa y necesaria reclamación. 

Ya hemos dicho que en los primeros tiempos de Eo- 
ma, sus emperadores, para hacer gala de su dominio 
universal, que lo ejercían hasta en alta mar, ponían en 
sus constituciones aquella frase célebre de Ego quidem 
mvndi Domitñis : duró por largo tiempo tal dominación ; 



pero el espíritu de libertad vino luego como inspiración 
del Cielo ; y Justiniano consagró en sus instituciones : 
que según el Derecho natural son cosas comunes á todos, el 
aire, el agua corriente, el mar y sus costas (1), y que todos 
los ríos y puertos son públicos, y por tanto el dereclw de 
pescar en ellos es común* á todos (2\. "El carácter esencial 
de las cosa* públicas consiste en que, aunque la propie- 
dad sea del pueblo,*el uso de ellas es común á todos. 
Así vemos que el pretor prohibía por un interdicto que 
á nadie se impidiese navegar en un río ó lago público, 
ni abordar ni descargar en la costa" (3). 

La calificación, pues, que se lia dado á las aguas del 
mar como cosa pública, ha hecho nacer entre los publi- 
cistas la cuestión de si el mar es apropiable ó no. 

No es imposible, dice Bollo, el dominio efectivo, aun 
en todo el Océano ; pero esa apropiación sería contraria 
á la misión que la Providencia ha dado á los pueblos. 
"El imperio ó supremacía sobre el mar, dice también 
HelFter, además de las dificultades que presentaría, y 
que ninguna potencia podría superar en el momento 
que las demás se opusieran á sus pretensiones, sería al 
mismo tiempo ilícito y contrario á la libertad y á la mi- 
sión del género humano, cualquiera que fuese la mode- 
ración con que se ejerciera. Daría por resultado impo- 
ner á las naciones independientes, condiciones relativas 
al uso de un elemento que es la única vía de comunica- 
ción entre las diversas partes del globo, vía que es im- 
ponible reglamentar. . . .La ley natural, que se opone á 
que el hombre, poseyendo la plenitud de su voluntad 
moral, pueda ser ciegamente sometido á los mandatos 
de otro, se opone con mayor motivo á que una nación, 
apoderándose de una cosa común á todas, venga á dic- 
tar á las otras leyes obligatorias, que no hubieran acep- 
tado libremente y que deberán rechazar con todas sus 
fuerzas. ..." (4). 

(1) Digesto— Ortolán — Derecho Romano. 



(2) Digesto. 



(3) OrtoMn, Digesto. 



(4) Heffter, Derecho ínter nació nal. 



34 

Esto en cuanto al mar. Ahora, en cuanto á los ríos, 
lagos <B?, consagrado está por los autores y por todos los 
principios legales, que ellos forman parte del territorio 
de una nación, y deben seguirse, en lo que respecta á 
su apropiación ó dominio, las reglas preestablecidas al 
efecto. 

Hagamos cita de algunos autores. 

"Los ríos lejos de ser límites naturales, forman por el 
contrario verdaderas arterias de comunicación de las di- 
ferentes naciones. . . .Si un río separa dos Estados, el 
dominio del uno y del otro se extienden hasta la mitad 
del lecho. . . .Lo mismo sucederá respecto á los lagos 
situados entre dos territorios: será igualmente necesa- 
rio aplicar á ellos las disposiciones del Derecho Civil. 
Los lagos y los mares puramente territoriales son una 
propiedad incuestionable del Estado ó Estados en que 
se hallan y en los límites indicados anteriormente" (1). 
Bello es más explícito aún : * 

"El territorio, dice, comprende en tercer lugar los 
ríos, lagos y mares contiguos hasta cierta distancia : he 
aquí las reglas que deben tenerse presentes : I o El pue- 
blo que primero se ha establecido á la orilla de un río 
de pequeña ó mediana anchura, se entiende haber ocu- 
pado toda aquella parte del río que limita su suelo y su 
dominio alcanza hasta la orilla opuesta ; porque siendo 
tal el río que su uso no hubiera podido servir cómoda* 
mente á más de un -pueblo, su posesión es demasiado 
importante para que no se presuma que la nación ha 
querido reservársela. 

"3 o Si el río separa dos naciones y ninguna de las 
dos puede probar prioridad de establecimiento, la domi- 
nación de una y otra se extiende hasta la mitad del río. 

"Esto mismo se aplica á los lagos. Así, de la priori- 
dad de establecimiento á la orilla de un lago pequeño ó 
mediocre, se presume ocupación y dominio, mayormente 
si se ha hecho uso de sus aguas ; y si no puede probarse 

(1.) Heffter, Derecho Internacional. 



óo 

prioridad de establecimiento, ó si el lago es de una gran- 
de extensión, lo más natural es considerar á cada pue- 
blo como señor de una parte proporcionada á la longi- 
tud de la orilla que ocupa, (subordinándose en todo ca- 
so estas reglas á la antigua y tranquila posesión y á los 
pactos)" (1). 

Nada más claro que estas reglas que determinan per- 
fectamente bien los derechos de los pueblos ó Estados 
ribereños de rios ó de lagos. A la luz de ellas, resalta el 
derecho de Mérida : facilísima es su aplicación al asunto 
concreto. 

El lago que se ha llamado de Maracaibo, forma, no 
hay duda de ello, parte del territorio de Venezuela: sus 
aguas dividen dos Estados de grande importaucia ; ellas 
dan salida al mar; facilitan el trasporte de los artículos 
de comercio á los mercados extranjeros, sin necesidad 
alguua de v arribar á Maracaibo ; ¿ por qué, pues, contra 
el espíritu de libertad que domina hoy en las ideas y 
principios, y en las relaciones de los pueblos, por qué, 
repetimos, se quiere aprovechar un solo Estado del be- 
neficio del Lago, con perjuicio de otro, cuyo suelo tam- 
bién limita! 

Apliquemos. 

"De la prioridad de establecimiento, dice Bello, á la 
orilla de un lago pequeño ó mediocre, se presume ocupa- 
ción y dominio, mayormente si se ha hecho riso de sus 
aguas." Quince años antes de haber sido fundada Ma- 
racaibo, empezó Mérida á poseer el Lago : esto consta 
de documentos públicos y de carácter incontestable. 

"Y si no pudiere probarse prioridad de establecimien- 
• to ? continúa el mismo autor, ó si el lago es de una gran- 
de extensión, lo más natural es considerar á cada 
pueblo como señor de una parte proporcionada á la lon- 
gitud de la orilla que ocupa." 

Sí, esta es la justicia; esto es lo natural ; porque justo 
y natural es que gocemos todos de aquello que la Provi- 
dencia ha dado para beneficio de todos. 

(1) Bello. — Pueden consultarse sobre el asunto las obras do Kent, 
Wlieaton, Martens, Tratado de París de 1814, Decreto de la Dicta Ger- 
mánica de o d© agosto d« 1820, Calvo y otras muchas. 



36 

Según estas reglas citadas, podría decirse que habien- 
do tenido Mérida prioridad en la posesión, y siguiendo 
en consecuencia aquel aforismo jurídico : Qui prior est 
tcmpus, potior est jure, claro es que su derecho sobre el 
Lago alcanzaría hasta la orilla opuesta ; y no obstante 
esto, i hemos, siquiera alguua vez, insinuado tal idea f 
Jamás ! Mérida no quiere para ella s"ola, quiere para los 
demás : quiere también para sus hermanos del Zulia, 
con quienes, como se ha dicho, está unida con vínculos 
sagrados de armonía é intereses públicos y sociales. 

. Por otra parte : en la hipótesis de que Maracaibo pu- 
diera en algún tiempo, á modo de milagro, comprobar 
algúu derecho justificado en las aguas del Lago, ¿por 
qué, cuál la razón, cuál el título, para alegar dominio en 
una parte de la costa, que es continuación del territorio 
de este Estado % ¿ Por qué se empeña eu poseer una fa- 
ja de tierra que relativamente es de poca significación 
para el Zulia 1 

Inagotable es la materia para argumentar en el cam- 
po jurídico en pro de los derechos de Mérida sobre la 
costa Sur del Lago, que por naturaleza es la comunica- 
ción entre el Zulia y los Andes : haciendo uso de la fra- 
se de un notable abogado andino, el derecho de Mérida 
"es claro, es perfecto, se rebosa, se derrama"; pero es 
bueno terminar ya este opúsculo, y para ello epiloga- 
remos, para hacer más preciso el alegato que Mérida 
hace ante la opinión pública, á fin de que el Cuerpo que 
representa la soberanía de la Nación dé el fallo de jus- 
ticia, ocupándose en fijar los verdaderos limites entre 
Los Andes y el Zulia, pesando, y meditando, y estu- 
diando debidamente la lujosa documentación que nues- 
tros archivos nos suministran. 

Cuando se promueve ante un tribunal cualquier jui- 
cio de desliude, lo primero que las partes acopian son 
las escrituras ó documentos antiguos que señalan con 
claridad los términos de cada posesión. Invitando, pues, 
á la honorable Junta del Zulia á que presente por su 
parte los que posea, nosotros analizamos los títulos de 
Mérida así: 

Están citadas las cédulas reales y los títulos ó couce- 



-O i 



sumes de tierras en las riberas del Lago, despachados 
por el Gobernador y el Ayuntamiento de Mérida. 

Por el proceso de la conquista está evidenciado que 
Mérida fué fundada antes que Maracaibo : que Mérida 
fundó á Gibraltar y otros pueblos de la costa, y ejerció 
en tales pueblos jurisdicción plena y legítima. 

Consta, además, que Maracaibo fué agregada á Mé- 
rida en calidad de subalterna en 167G, ó sea, ciento vein- 
te años después de ser Mérida dueña y poseedora ex- 
clusiva de la costa Sur del Lago, y de haber hecho de 
¿este litoral un emporio de riqueza hasta el punto de lle- 
gará ser su puerto de Gibraltar uno de los más famosos 
de las Indias, según lo declara Fr. Pedro Simón : que, 
trasladado después el gobierno á Maracaibo, toda la 
provincia de Mérida quedó sometida en lo político al 
Gobernador allí residente, que se titulaba, todavía á 
mediados del siglo pasado, Gobernador ée la Provincia 
de Mérida, la Grita &, y que, de consiguiente, la juris- 
dirción que Maracaibo alega haber ejercido sobre Gi- 
braltar y la costa Sur del Lago, mientras fue tal capital, 
en nada, absolutamente en nada la favorece, puesto 
que ejercía esa jurisdicción precisamente poique dichos 
lugares eran parte integrante de la provincia de Mérida, 
toda la cual estaba entonces sujeta á,su gobierno : que 
independizada la provincia de Mérida en 1810 y rota de 
hecho y de derecho su unión con Maracaibo, doude que- 
«dénmperandoel régimen colonial, Mérida se vio privada 
-de la costa Sur del Lago, que hasta 1821 estuvo domi- 
iiada por las armas del Rey ; y privada se ha visto y se 
ve hoy de esa parte de su territorio que ha reclamado y 
reclama, alta la frente y sereno el espíritu, porque su 
causa es justa y su aspiración legítima. 

Por más de cien documentos, pues, que á la ligera y 
sin esfuerzo se hau reunido por esta Junta, y que se da- 
rán á la prensa para ilustrar, como es debido, la opinión 
pública, producimos como primer titulo legítimo la ocu- 
pación. 

Como seguudo título, la jurisdicción plena, sin con- 
tradicción y fundada en la ley, (pie Mérida ejerció en 
los pueblos de la costa desde la Conquista. 



38 

Como tercer título, la prescripción, en la cual se han 
llenado no sólo las condiciones exigidas por la legisla- 
ción civil, sino las reglas determinadas por todos los pu- 
blicistas antiguos y modernos. 

Si estos títulos no están debidamente fundamentados 
en la documentación aducida: si ellos no tienen la efi- 
cacia jurídica bastante para reclama^un derecho; si no 
merecen la consideración del legislador, en modo que no 
se juzguen más que suficientes para dar á cada Estado 
lo que le pertenece; entonces, declaramos que no está 
seguro ningún derecho, y que la justicia, lejos de £er re- 
gla invariable de orden y de moralidad de los pueblos ( 
civilizados, no será otra cosa que fantasía, ilusióu, uto- 
pía, y su culto, que es culto del cielo, porque es virtud 
que cubre con dulce y benéfico amparo las naciones, los 
pueblos, las familias y el hombre mismo como iudividuo, 
vendrá á tierra, con el estrépito con que caen la menti- 
ra y la falsedad. 

"El lago que se ha llamado de Maraca ibo, no es, se 
ha dicho ya, un estanque de agua encerrado en medio 
de una provincia; es el gran golfo de Venezuela que 
tiene su comunicación con el Océano Atlántico; es, en 
realidad, un mar Mediterráneo." 

¿Y así, se pretende que la detentación de él sea jus- 
ta, con perjuicio de otros derechos más sagrados, más 
antiguos, más legítimamente establecidos ? 

¿Puede contradecirse en modo alguno el derecho de 
Marida á la costa Sur del Lago, ante cédulas reales que 
lo consagraron explícitamente, ante los m'uchos títulos 
de concesiones de tierras otorgados por quien tenía fa- 
cultad legal para hacerlo, aute la historia, que, con jus- 
ticiera gravedad, lo determina con especial claridad ? 

El Congreso de Colombia, en 1824, fijó los límites de 
las antiguas provincias, recuérdese bien, provisional- 
mente. El Congreso de Venezuela, en 1850, sentó, lo 
repetimos, que las aguas del Lago eran el límite natu- 
ral entre Maracaibo y Trujillo ; y sólo la ley de 185C, in- 
consultamente y sin respetar derechos anteriores, fijó lí- 
mites, arrebatando á Méridu lo que la naturaleza y la 
]«y misma le concedían. 



39- 

Pero contra esa ley, precisamente, contra esa ley que 
lastima los fueros de un Estado, es que Marida ha ve- 
nido reclamando incesantemente ; y espera que, al fin, 
triunfará la justicia, y, fuera de sus riquezas naturales, 
será considerada en \<é que vale, consagrando en ia ley 
de división que habrá de dictarse, el derecho de Mérida 
á la costa Sur del Lago de Maracaibo. 

III 

Nos vemos en la necesidad de añadir, por via de- 
apéndice, un capitulo más á este trabajo, para hacer en 
el algunas rectificaciones históricas á la última publica- 
ción de la honorable Junta del Zulia fechada en Mara- 
caibo á I o de junio del corriente año de 1891 y titulada 
Límites entre el Zulia y los Andes— Segunda hoja del ex- 
pediente, en la cual aparecen algunas apreciaciones ine- 
xactas en punto á historia de la conquista y fundación 
de varios pueblos de Venezuela. 

En lo principal del asunto, la Junta del Zulia se con- 
creta á tratar de probar que Maracaibo desde 1778 has- 
ta 1810 ejerció actos de jurisdicción sobre Gibraltar y 
los pueblos de la costa Sur del Lago. Ya hemos visto 
que durante ese tiempo Mérida, con todos sus términos, 
dependía del Gobernador ó Intendente de Maracaibo, y, 
de consiguiente, era lógico que esta ciudad ejerciese tal 
jurisdicción sobre Gibraltar y la costa Sur, puesto que 
la ejercía sobre la misma ciudad de Mérida, á la cual 
pertenecían dichos lugares. Es la misma jurisdicción 
que hoy ejerce, v. g., la ciudad de Mérida, como capital 
del Estado de los Andes, sobre Trnjillo y todos sus pue- 
blos. Curioso y risible sería que disuelto el mencionado 
Estado, pretendiese Mérida alegar esa jurisdicción para 
quedarse de hecho con el Distrito Valera, por ejemplo, 
como trata hoy Maracaibo de alegar un títuk) semejan- 
te con respecto á Gibraltar y la costa Sur del Lago des- 
pués de la separación de Mérida en 1810, y hallamos 
un ejemplo más elocnente todavía en el mismo Mara- 
caibo. ¿ Qué dirían allá si Oapatárida pretendiese hoy 
ensanchar sus límites á costa del Distrito Miranda (Puer- 
tos de AltagraciaJ, alegando para ello la jurisdicción 



40— 

que, como capital del Estado Faleón-Zuíía, ejerció has- 
ta ayer sobre Maracaibo y todos sus pueblos 1 

De 1810 á' 1821, no diremos que fué Maracaibo. sino 
las fuerzas realistas las qne mantuvieron á Mérida pri- 
vada del litoral del Lago, donde imperaban en absoluto, 
como es bien sabido de todos y 16 liemos recordado ya 
en la primera parte de este opúsculo. 

De 1821 arranca, pues, la posesión indebida de Mara- 
caibo sobre los puntos territoriales, objeto de esta cues- 
tión ; y no vemos el motivo por qne se esfuerza tanto la 
honorable Junta del Zulia en probar esa posesión qne 
Mérida no niega, aduciendo para ello testimonios de to- 
do punto inconducentes, puesto qne no se trata de es- 
clarecer quién es el último y actual poseedor de la costa 
Sur del Lago, sino qnién es el doeño legítimo de ella y 
el que por razón de derecho y de pública conveniencia 
debe poseerla en la actualidad. 

Ya bemos invitado á la expresada Junta, y lo hace- 
mos de nuevo, para que produzca un documento siquie- 
ra en qne conste de algún modo que la ciudad de Mará-* 
caibo, antes de ser agregada á Mérida y de haberse tras- 
ladado á ella el gobierno de la provincia, ejerciese cual- 
quier acto de jurisdicción sobre Gibraltar y sus antiguos 
términos de costa, de la misma manera que Mérida lo 
hace, abriendo sus archivos y presentando no uno sino 
ciento y más títulos, tan decisivos y coneluyentes en el 
asunto cuanto interesantes para fijar de una manera cla- 
ra, precisa y terminante la verdadera historia de los lu- 
gares que han venido á ser objeto de esta larga y enojo- 
sa controversia entre dos pueblos hermanos. 

Pero en lo ya expuesto queda demostrado snperabun- 
dantemente el derecho de Mérida, por lo que nos excu- 
samos de recapitular sobre la materia, y solo nos con- 
traeremos á hacer las rectificaciones que dejamos insi- 
nuadas. 

Vuelve á decir la honorable Junta del Zulia "que AI- 
fínger descubrió y levantó tienda de conquista no sola- 
mente en Maracaibo en el año de 154G, sino que en esa 
misma época recorrió las costas del lago y moró espe- 
cialmente entre los mansos Bobures"; y más adelante, 



.41 

en el mismo párrafo, al referirse á la expedición del .Ca- 
pitán Alonso Pérez de Tolosa para descubrir Jas Sierras 
Nevadas, incurre de nuevo en la inexactitud de fijar di- 
cho suceso "allá por los tiempos del reinado de Felipe 
IV, año de 1662." , - 

Según la relación de Oviedo, Alfínger vino á Coro en 
1528, en virtud dé Ift célebre concesión hecha por Carlos 
V en favor de los Belzares, y fué el año siguiente, 1529, 
cuando estuvo en el lago de Maracaibo y fundó allí la 
ranchería que bien pronto se despobló. Alfínger, ya en- 
trado el año de 1530, y con nueva gente que hizo venir 
de Coro, continuó viaje hasta dar con la provincia y la- 
guna de Tamalameque, después de atravesar el valle de 
Upar. De allí, de Tamalameque, fué de donde envió Al- 
fínger al Capitán Bascona con veinticinco soldados, en- 
tre quienes iba Francisco Martín, para que llevasen á 
Coro sesenta mil pesos, que, junto con la "dicha expedi- 
ción, quedaron sepultados en las selvas que rodean la 
culata de la Laguna, según parece, excepto el Francisco 
Martín que se salvó en las márgenes del río Chama 
y quedó \iviendo entre los salvajes. Alfínger murió á 
manos de los indios éñ Chin acota, en 1532. Queda, pues, 
averiguado que dicho conquistador no estuvo en las cos- 
tas del lago de Maracaibo en 1546, sino diez y siete años 
antes, es decir, de 1529 á 1530. 

Y uo damos ciertamente con el objeto que se propon- 
ga la Junta del Zulia al traer á cuento estos primeros 
pasos de los conquistadores, sobre los cuales, según el 
dicho de ella misma, "no se puede fundar rectamente 
título alguno de propiedad territorial." ¿ Será porque 
Alfínger, en su correría por las costas del Lago, levantó 
tienda de campaña en el sitio de los Bobures, términos 
que vinieron á ser de Mérida 1 lío lo creemos, pues se- 
ría curioso que Maracaibo alegase como título sobre Bo- 
bures el paso de aquellos conquistadores, que, según las 
palabras de Oviedo, "como furias desatadas talaron y 
destruyeron amenísimas provincias y deleitosos países, 
malogrando los provechos que pudieran haber afianza- 
do en la posesión de su fertilidad, para sí y sus descen- 
dientes, si, como les aconsejaban los más prácticos y 



prudentes, hubieran ido poblando en lo que iban descu- 
briendo ; pero como los alemanes, considerándose ex- 
tranjeros, siempre se recelaron de que el dominio de la 
provincia no les podía durar por mucho tiempo, más 
atendieron á los iutereses presentes, aunque fuese des- 
truyendo, que á las conveniencia'^ futuras, conservando." 

Pero aun dando de barato todo esto y en el supuesto 
de que el primer Gobernador de los Belzares se hubiese 
establecido por allí quieta y pacíficamente, sería necesa- 
rio suponerle alucinado por alguna sugestión profética 
para que en todo ello anduviese pensando en ocupar tie- 
rras y ganar términos para una ciudad que no existía, 
puesto que Sueva Zamora ó Maracaibo fué fundada en 
1574, ¡ cuarenta y dos años después de muerto Alfíuger ! 

Otro tanto cabe decir con respecto á la expedición 
del Capitán Alonso Pérez de Tolosa, que no partió de 
ningún punto del Lago, ni mucho menos de Nueva Za- 
mora ó Maracaibo, que no existía para entonces, siuo de 
la propia ciudad del Tocuyo, despachada por el Gober- 
nador Tolosa en 1547, reinando Carlos V, ó sean ciento 
quince años antes déla época en que la fija la Junta del 
Zulia, cuando dice en ambas publicaciones que tal em- 
presa se llevó á cabo "allá por los tiempos del reinado 
de Felipe IV, año de 1662.'" 

Pero sube de punto nuestra sorpresa al hallar, como 
final del párrafo, objeto de las anteriores rectificaciones, 
la siguiente rarísima deducción : "De modo, dice aquella 
Junta, que los primeros ocupantes de las costas del Sur 
del Lago, de Trujillo, del Tocuyo, Barquisiineto, Bari- 
nas y Mérida partieron de Maracaibo en su mayor parte." 

¿ En qué libro de historia han leído esto nuestros res- 
petables contendores? ¿ Qué autor es ese que tan desco- 
nocido é ignorado fué para Fr. Pedro Simón, para Ovie- 
do y Baños y para el mismísimo Baralt, que, á fuer de 
zuliano, no habría silenciado esas primeras expedicio- 
nes por mar y tierra de que hoy se nos habla para ha- 
cer de la ciudad de Maracaibo centro principal de la 
conquista en el occidente de Venezuela '? 

I Qué dirá la ciudad de Amplíes, la histórica ciudad 
de Coro, que de la noche á la mañana se ve privada de 



43 

sus títulos y preeminencias como primera metrópoli de 
Venezuela y centro de la Conquista en la vasta región 
del Occidente? ¿Y qué la ciudad de Pamplona, de don- 
de partiera Rodríguez Suárez y tras de él el Capitán 
Juan Maldonado al descubrimiento de las Sierras Ne- 
vadas y fundación de la ciudad de Mérida 1 

Ni aun es necesario abrir la historia para poner de 
manifiesto lo infundado de tal aserción, pues la simple 
cronología, cou la fuerza irresistible de los números, di- 
sipa esos humos de antigua ciudad conquistadora que á 
la postre quieren darle á Maracaibo sus propios hijos, 
cuando á la verdad no necesita ella de agen as vestidu- 
ras para realzar sus encantos y captarse el aprecio de 
los demás pueblos como ciudad conquistadora, cierta- 
mente, pero conquistadora de hermosas palmas en el 
moderno campo de la civilización y del progreso. 

La cronología nos dice : 

I o — Que el Tocuyo fué fundado por Francisco de 
Carvajal, prqcedeute de Coro, en 1545 y perfeccionada 
su fundación por el Gobernador Tolosa en J 547, veintisie- 
te años antes de que se fundara á Nueva Zamora ó Ma- 
racaibo» 

2 o — Que Barquisimeto fué fundada por Juan de Vi- 
llegas, procedente del Tocuyo, en 1551, según Fr. Pe- 
dro Simón, veintitrés años antes que Maracaibo. 

3 o — Que Trujillo fué fundada por Diego García de 
Paredes, procedente del Tocuyo, en 1550, diez y ocho 
años antes que Maracaibo. 

4 o — Que Mérida fue fundada por Rodríguez Suárez, 
procedente de Pamplona, en 1558, y mudada al sitio 
que hoy ocupa por el Capitán Juan Maldonado en 1550, 
quince años antes que existiera Maracaibo. 

5 o — Que la costa Sur del Lago fué ocupada por los 
Capitanes Miguel de Trejo, Gonzalo de Avendaño, Pe- 
dro García de Gavina, García de Caravajal y Hernando 
Cerrada, y por otros muchos vecinos de la ciudad de 
Mérida que en ella se asentaron de firme, fundaron un 
puerto y emprendieron la agricultura y el comercio, 
mucho antes de- la fundación de Maracaibo, desde 1559, 



44 

por lo menos, como consta de las cédulas reales que se 
lian citado ; y 

6 o — Que Barinas fué fundada por el Capitán Juan 
Andrés Várela, vecino de Mérida, con soldados que sa- 
có de esta ciudad, en 1576, por erden del Gobernador 
Francisco de Cáceres, quien había fu u dado á La Grita 
en ese mismo año. q 

Razón tendría Trujillo en alegar que no sólo ocupó 
ella primeramente la costa oriental del Lago, sino ana 
los mismos lugares donde se pobló Maracaibo, pues 
consta en la historia que "desde el año de 1508 — copia- 
mos á Baralt — había encargado su conquista Don Pedro 
Pon ese de León al Capitán Alonso Pacheco, vecino de 
Trujillo; y aunque éste desde entonces fabricó y armó 
bergantines en el puerto de Moporo, y con ellos hizo ^ 
correrías en las costas del lago, sólo tres años después 
pudo asentar sus reales sin peligro en el sitio donde en 
20 de enero de 1571 fundó la ciudad de Maracaibo." De 
aquí que haya prevalecido en la común opinión de los 
historiadores Pacheco como fundador de Maracaibo, y 
no Pedro Maldonado, enviado al intento por Mazarie- 
gos tres años más tarde, en 1574, según se lee en un 
documento publicado por D. Cesáreo Fernández Duro 
en la edición de la obra de Oviedo y Baños hecha en 
Madrid el año de 1885. 

De modo que lo que sí se dednee cou la mayor cla- 
ridad y evidencia, en vista de la cronología y la histo- 
ria, es que los primeros ocupantes de las costas Sur y 
orieutal del lago de Maracaibo partieron de Mérida y 
Trujillo, cuyos vecinos fundaron allí los puertos ya nom- 
brados de Caravajal y Barbacoas y trajinaron libremente 
por la laguna cou sus productos, muchos años antes de 
que el Gobernador Mazariegos diese orden á Pedro Mal- 
donado para fundar á Nueva Zamora, llamada más tar- 
de Maracaibo; y que también la ciudad de Carora, fun- 
dada por Juan de Salamanca en 1572, dos años antes 
que Maracaibo, tuvo así mismo términos en la costa del 
Lago,¿como lo sienta Fr. Pedro Simón, quien fija la fun- 
dación de Carora en 1570, y al hablar de sus cualidades 
(7Í 1 Noticia, Cap. VIII), dice expresamente: "Tieue puer- 



io en la laguna de Maracaibo, aunque algo lejos, por la 
parte del Leste." 

Y viene en corroboración de esto el pasaje que halla- 
mos en un interesante estudio sobre Carora, obra del 
Dr. Andrés Hiera Sil vg, en el cual, refiriéndose al céle- 
bre Portillo, aparece lo siguiente: "Puerta que la mano 
de Dios abrió para«que Carora tuviese salida al mar y 
se comunicase con el mundo: por esa puerta se va en 
cuatro jornadas al lago de Maracaibo; y por eso el rey 
de España por la misma cédula que dio costa á Trujillo, 
la dio también á Carora, y de aquí la razón porque se 
conserva allí un puerto eon el nombre de Portillo de Ca- 
rora" (1). 

La Junta del Zulia, en la creencia, sin duda, de que 
Mérida no tiene más título sobre Gibraltar que el haber- 
la fundado, trae á colación el ejemplo de que el Tocuyo, 
<le donde partieron los fundadores de Burburata y Tru- 
jillo, no haya alegado derechos jurisdiccionales sobre es- 
tos dos pueblos, ni que Mérida haya reclamado tampoco 
á Pedraza, fundada también por Pina Lidueña en 1591, 
sin año antes que Gibraltar. El lector que nos haya se- 
guido hasta aquí podrá fácilmente apreciar cuan fuera 
<le lógica se halla semejante argumento, puesto que no 
es á titulo de fundadora meramente que Mérida se pre- 
senta-ante la Nación, reclamando la costa Sur del Lago, 
sino á título de haber ocupado y reconocido por sus tér- 
minos aquellos lugares desde treinta años antes de que 
existiera la misma Gibraltar; ella reclama á título de 
haber fundado esta Villa y otros pueblos no ya en son 
<le conquista, sino en ejercicio de un derecho jurisdiccio- 
nal pleno y perfecto y con el fin de procurar por medio 
de, esas fundaciones el desarrollo de su agricultura y eo- 
mercio, de tiempo atrás emprendidos en aquellos para- 
jes ; ella reclama á título de haber estado en quieta y 
pacífica posesión do esa costa, que el trabajo de sus hi- 
jos hizo próspera y floreciente, no por tiempo de años 
sino de siglos enteros; y, últimamente, ella reclama, 
porque puede comprobar todo eso, como lo hace, con 



(1) Diccionario Histórico., Geográfico, Esñidfstico y Biográfico del Estado 
Lara., por Telasco A. Mae-phecsoil. 



4G 

copia abundantísima de interesantes documentos y con 
el testimonio irrecusable de la Historia. 

Por lo que mira á Pedraza (1), Herida la fundó, en 
efecto, no una sino tres veces, y a á Mérida perteneció 
como Badilas y toda aquella comarca ; y fué por esto 
que Maraca i bo, cuando fué agregada, á Mérida y vino 
después á ser capital de la provincia, pudo ejercer juris- 
dicción sobre ambas ciudades, hasta que el Bey, por 
Cédula de 15 de febrero de 1780, erigió la antigua pro- 
vincia de Barinas, en qne quedó incluida la ciudad de 
Pedraza. De suerte que para 1810, en que la provincia 
de Mérida se separó de Maracaibo, en virtud de la Re- 
volución del 19 de Abril, y en que naturalmente) debía 
separarse con todos sus antiguos términos, ya Barinas 
y Pedraza, por acto expreso del Bey, formaban una ju- 
risdicción independiente ; pero roo sucedía así con Gi- 
braltar y la costa Sur del Lago, que siendo términos de 
Mérida y separada ya ésta, quedaron sinembargo en po- 
der del Gobernador Miyares, y, de consiguiente, en po- 
der de Maracaibo. Este es el origen vicioso de esa po- 
sesión sobre la cual hace tanto hincapié la honorable 
Junta del Zulia; tal el origen de esta ya antigua y rui- 
dosa cuestión de límites entre Maracaibo y Mérida, en 
la cual esta última no ha sobreseído ni sobreseerá ja- 
mas, porque puede desistirse fácilmente de una' mera 
pretensión y hasta de una demanda justa si faltaren las 
pruebas, pero nunca podrá resignarse un pueblo á sa- 
crificar un derecho territorial como el de Mérida, tan 
claro, tan preciso y tan brillantemente comprobado. 

Dice la honorable Junta del Zulia que "según apun- 
tes estadísticos del propio Trujillo, en todo el tiempo 
de la Capitanía General de Venezuela, esta ciudad es- 
tuvo comprendida en la Gobernación de Maracaibo has- 
ta 1810 y también lo estuvo posteriormente en otras 
ocasiones." 

La Capitanía General de Venezuela fué creada, se- 



(1) A Pedraza se !<• ¿lió este nombre en memoria <lr la patria del Dr. 
Antonio González, Presidenffe <1H Nuevo Roino, en cuyo tiempo la linulií 
J'iña Lidueíía, y no porque eate Capitán fuese oriundo de la villa espa- 
íiola de tal nombre, como lo dice la honorable Junta «U 1 Zulia. 



gún opinión general de los historiadores patrios, el uño 
de 1731, y cincuenta y cinco años después, en 178G, fué 
cuando se separó á Trujillo de la jurisdicción de Cara- 
cnspara agregarla á la de Maracaibo por la misma Real 
Cédula ya citada que erigió la provincia de Barinas. 
xVsí permaneció hasta»la revolución del 19 de Abril de 
18Í0, que Trujillo proclamó con fecha 9 de octubre, se- 
parándose de Maríicaibo y constituyéndose en provincia 
independiente para eutrar á formar con Caracas, di- 
mana, Barinas, Margarita, Barcelona y Méridaja pri- 
mera y muy gloriosa confederación venezolana. 

Después estuvo Trujillo agregada provisionalmente 
á Maracaibo desde 1827 hasta 1831, en que el Congreso 
de Venezuela la restableció en su categoría de Provin- 
cia, por decreto de 15 de junio. 

Réstanos considerar lo que la honorable Junta del 
Zulia quiere hallar de favorable á los intereses que re- 
presenta en el recieute fallo dado por el Rey de España 
como arbitro en la cuestión de límites entre Venezuela 
y Colombia, en la parte relativa á Sau Faustino. Desde 
luego debemos manifestar que no existe la analogía que 
la expresada Junta pretende establecer entre esa cues- 
tión internacional y la que actualmente nos ocupa, por- 
que en realidad no hay absolutamente entre una y otra 
ningún punto de semejanza. 

Según el criterio de la Junta zulíana, Maracaibo de- 
be considerarse en el caso de Colombia y Mórida en el 
de Venezuela. Y esto sentado, interpreta que el laudo, 
prescindiendo del título de fundación de San Faustino 
presentado por Venezuela, fué favorable á Colombia en 
mérito de la posesión de muchos años y los actos de juris- 
dicción territorial ejercidos por esta última República. 
En vista de esto^ la Junta del Zulia acaba por pregun- 
tar: "¿ Serán así, rememorando el fallo recaído en la cues- 
tión de Sau Faustino, discutibles siquiera nuestros dere- 
chos sobre Gibraltar?" 

Por nuestra parte declararnos que cualquiera que sea 
la situación de Venezuela en ese asunto de carácter inter- 
nacional, Mérida la acepta, y se, complace altamente en 
verse de antemano colocada en el puesto que ella misma 



se habría dado en el paralelo establecido por la honora- 
ble Jrmta del Zulia, ó sea, representando á la Patria, de 
que forma parte ; pero no podemos prescindir de hacer 
notar que, conforme al mismo criterio de aquella Junta,, 
el pretenso argumento de analogía, de que venimos ha- 
blando, si fuerza alguna tiene en el asunto es para 
obrar en contra de Maracaibo, pues, en esta controver- 
sia de límites Mérida no sólo presenta el título de pri- 
mera ocupante de Ja costa Sur del Lago y fundación 
subsiguiente en esa misma costa del puerto de Gibraltar, 
sino que también alega la posesión legítima y continua- 
da de muchos años y los actos de una jurisdicción terri- 
torial nunca controvertida, todo ello" probado hasta la 
evidencia con documentos públicos que recorren año por 
año una escala de siglos. 

Damos aquí por terminada esta exposición, hecha en; 
cumplimiento del grave cuanto honroso encargo con que 
nos ha distinguido el Gobierno de Mérida, trabajo en el 
cual hemos tenido siempre por norte aquel pensamiento 
del célebre Quintana : la verdad y la razón sólo se defien- 
den con la razón y la verdad misma. 

Mérida :. 24 de setiembre de 1891. 

Juan N. P. Monsant. — Tumo Febrbs Cordero. 
Félix A. Pino. 



ESTUDIOS COMPLEMENTARIOS 

del Alegato de Mérida en 1891 sobre límites con el 
Zulia, hechos poftelDr. Tulio Febres Cordero, Co- 
misionado al efecto por el Gobierno del Estado. 



1625 

Erección del Gobierno y Capitanía General de Mérida y 
noticia sobre su primer Gobernador y Capitán General. 



Fr. Pedro Simón, que empezó á escribir sus Noticias 
Historiales délas Conquistas de Tierra Firme desde 1623, 
dice en el Cap. XLII de la Noticia 7?, haciendo la reca- 
pitulación de los Gobiernos que forman el nuevo Eeino 
de Granada, lo que en seguida se copia : 

"El Gobierno de la ciudad de Mérida, que hasta el 
año pasado, que el Rey lo hizo Gobierno, había sido 
Corregimiento, comprende en si la dicha ciudad de Mé- 
rida, con su provincia de indios, en sesenta y dos grados 
diez minutos de longitud, y seis de latitud al Norte ; y 
la villa de San Cristóbal con su provincia de indios ; y 
la de San Antonio de Gibraltar, puerto de la Gnayana 
de Maracaibo, donde hay Caja Real con Tenientes, Con- 
tador y Tesorero ; y la ciudad de Barinas con su provin- 
cia de indios ; y la de Pedraza con la suya, de quien ya 
dejamos tratado en nuestra primera y segunda parte ; 
tiene de salario el Gobernador, que al presente es Juan 
Pacheco Maldonado, cuatrocientos cincuenta mil mara- 
vedís. Hay también, para mejor Gobierno de los indios 
de esta provincia, Corregidores de solos ellos". 

Según manuscritos originales del Registro Publico y 
del Ayuntamiento de Mérida, el Capitán Juan Pache- 
co Maldonado aparece actuaudo como Gobernador y 
Capitán General de Mérida y el Espíritu Santo de la 
Grita desde el año de 1625 hasta el de 1634, en que le 



50 

sucedió en el dicho cargo el Capitán D. Alonso Fernán- 
dez Valentín. El antecesor de Pacheco Maldonado, ó 
sea el último Corregidor, según lo dice Fr. Pedro Simón 
en otra parte de sn historia y consta también de manus- 
critos originales, fué el Capitán Juan Pacheco Velaseo. 

Conforme á estos datos fidedignos, puede señalarse el 
año de 1625 como el punto de partid-i del Gobierno y 
Capitanía General de Mérida y la Grita, que vinieron á 
formarlo las mismas ciudades, villas y jurisdicciones que 
componían el Corregimiento creado por Eeal Cédula de 
10 de Diciembre de 1607. 

El mismo Fr. P. Simón, al final del Cap. XVIII, no- 
ticia 7 l ? dice : "En esta ciudad de Mérida, ya cabeza de 
Gobierno, aunque hasta aquí lo había sido de Corregi- 
miento, porque el año pasado de mil quinientos veinti- 
dós, atendiendo el Eey á otras razones y á los muchos 
servicios que le había hecho en muchas ocasiones el Ca- 
pitán Juan Pacheco Maldonado, como dejamos dicho en 
la primera parte, le hizo Gobernador por ocho años de 
aquel partido, y lo que antes era Corregimiento fuese 
Gobierno." 

De donde se deduce que la Cédula de erección es de 
1622 (en el texto de Fr. P. Simón arriba copiado debe 
leerse seiscientos y no quinientos, que Cs manifiestamen- 
te un yerro de imprenta) ; aunque no vino á tener su 
cumplimiento sino en 1625, inicio del Gobierno de Pa- 
checo Maldonado, como dejamos dicho. 

II 

1676 

Estado del Gobierno y Capitanía General de Mérida y el 
Espirita Santo de la Grita para el año de 1676 en que 
se le arjreyó la ciudad de Maracaibo. 



Ciudad de Mérida. 

Esta ciudad, fundada en 1558, era la cabeza del go- 
bierno, primero como Corregimiento, á partir del año 
de 1607, y después de la Gobernación y Capitanía Ge- 



Si- 
tiera! desde el año de 1025. En ella estaba situada la 
Caja y oficiales de la Real Hacienda. 

En lo eclesiástico era una Vicaría del Arzobispado d"e 
Bogotá y para el año citado tenía cuatro Conventos, á 
saber : el de Santo Domingo, fundado en 15,67; el de 
San Agustín, en 1591; el de Monjas Clarisas, en 1051 ; 
y el de San Franciico, en 1057. Tenía además un Co- 
legio de la Compañía de Jesús, establecido desde el año 
de 1028. Cada una de estas instituciones con su edificio 
propio y su templo. Contándose, además, la Iglesia pa- 
rroquial, de muy buenas proporciones, y la del Humi- 
lladero. 

Comprendía en su jurisdicción los siguientes pueblos 
de indios: Timotes, Chachopo, Mucuchíes, Mucurubá, 
Tabay, Toroudoy, Pueblo de la Sal, Acequias, Mucutuy, 
Mucucbaclií, Aricagua, Canaguá, Mucuñó ó el Morro, 
Laguuiilas, Cbignará, Santodomingo, Las Piedras, Bai- 
ladores, Guaraque, Jají, Iricny, Chama ó los Guaruríes 
y Estanques. 

Como pueblos de españoles existía yá la villa de San- 
buenaventura del Ejido, muy rica por sus plantaciones 
de caña de azúcar. \ 

Ciudad de Gibraltar. 

La ciudad de San Antonio de Gibraltar, fundada en 
1592, que era el puerto principal de Mérida sobre sus 
costas del Lago de Maracaibo. En su origen se fundó 
co'n el título de Villa, pero su creciente prosperidad la 
«tJiizo merecedora del título de ciudad, con que figura yá 
en el tiempo de la Capitanía General. Para el año dicho 
de 1070, época de su mayor opulencia, tenía en su juris- 
dicción de la costa, ó sea desde sus límites con Trujillo 
hasta la desembocadura del río Sampedro ó Escalante, 
diez y seis pueblos con pila bautismal, entre los cuales 
se contaban los puertos de Caravajal, Sampedro, Santa- 
maría y Bobures ; los pueblos de los Bobures Altos, la 
Sabana y los demás de que no se conserva noticia exac- 
ta por haber dáRiparecido con la ruina de Gibraltar, ser- 
vidos unos por los religiosos de la orden de Santo Do- 



■0¿- 



niing'o, que tuvieron Convento eu dicha ciudad, otros 
por los Padres Jesuítas y los más por el Clero secular. 

Era Vicaría dependiente como Mérida del Arzobis- 
pado de Bogotá; y á tanto llegó su riqueza que por esta 
época montaban sus diezmos á la suma de cuarenta mil 
pesos. Su puerto era de los más afamados de las Indias, 
porque se exportaban por él todos \m frutos de la Capi- 
tanía General de Mérida con destino á Europa y á otras 
ciudades de América, á virtud de expresa habilitación 
para ello concedida por el Rey desde el año de 1629. 



Ciudad de la Grita. 

Esta ciudad fué cabeza de la Gobernación del Espí- 
ritu Santo de la Grita, desde su fundación en 1576 has- 
ta 1607, eu que fué agregada al Corregimiento de Mé- 
rida; y esta la razón por que en lo sucesivo se nombra- 
ba toda la Gobernación y Capitanía General con los 
nombres de ambas ciudades, ó indistintamente con el 
de una ú otra: 

Tenía un Convento de San Francisco y era desde su 
origen Vicaría del Arzobispado de Bogotá. Sus límites 
por la parte del lago de Maracaibo, corrían desde la 
desembocadura del río Escalante, á que dio nombre 
Francisco de Escalante, uno de sus primeros pobladores, 
hasta la desembocadura del Catatumbo. 

Y comprendía en su jurisdicción los pueblos de Veue- 
gará, Pueblo Hondo, Úmuquena, Seboruco y otras mu- 
chas poblaciones indígenas que desaparecieron, unas por 
la disminución de los naturales y otras por las invasio- 
nes de los bravos Motilones. 



Villa de iSancristóbal. 

Esta villa, fundada en 1560 ó 1561 dentro de los lí- 
mites de la provincia de Pamplona, fué constituida en 
jurisdicción independiente y agregada al Corregimiento 
de Tunja, hasta 1607 en que entró á formar parte del de 
Mérida. Sus términos por la laguna de-*Maracaibo co- 
rrían desde la desembocadura del Catatumbo hasta los- 



brazos de Hernia sobre la banda occidental de la misma 
laguna. , 

En ella se comprendían las siguientes poblaciones : 
Capacho, Lobatera, Táriba, Gnásimos, Aborotá, Sam- 
bartolomé del Cobre, kis reducciones de los Chínalos y 
Motilones, que dominaban los ríos Zdlia y Catatumbo, 
y muchas otras parcialidades de indios en servicio de 
encomiendas hasta los valles de Cuenta que entraban 
en su jurisdicción. 



Ciudad de Barinas. 

Fundada en I57G. Estuvo dependiente del Goberna- 
dor de la Grita hasta el año de 1U07, en que se incorpo- 
ró al Corregimiento de Morilla. Comprendía en sus tér- 
minos mucha parte de los llanos de Venezuela, en que 
se incluían los" indios Barinas, Guaneros, Guaracapo- 
naes, Camisetas, Puruyes, etc. 

Su principal riqueza era el tabaco y las crías. Pata 
principios del siglo XVII había cerca de medio millón 
de cabezas de ganado alzadas en los llanos de Apure y 
Casa na re. 

üiudad de Pedraza. . 

Fundada en 1591. A pesar de haber sido repetidas 
veces víctima del asalto de los Jirajaras y otras tribus 
«coaligadas de los llanos, para el año de 1GS2 fué reedi- 
ficada por el Capitán D. Alonso de Bohórqnez por co- 
misión del Gobernador y Capitán General de Mérida, 
junto con el pueblo de Altagracia de Ticoporo. Entra- 
ban en su jurisdicción los llanos de Sarare y Oró, don- 
de "había muchos ganados mostrencos. Era cabeza de 
Vicaria dependiente del Arzobispado de Bogotá y muy 
dea eu algodón y exceleute cacao, ñutos que exportaba 
por Gibraltar, lo mismo que Barinas. 

Debe advertirse que muchos de los pueblos de indios 
mencionados en el estado anterior, aunque existentes 
<lesde la conquista, como poblaciones indígenas, apare- 
cen erigidos en parroquias con fechas posteriores, ora 



-54- 

porque fuesen Doctrinas ó Misiones, á cargo de los reli- 
giosos; ora porque, ya extinguidos^, causa de la falta 
de sus naturales, fueron de nuevo poblados, tales como 
Aricagua, Torondoy, Pueblo de la Sal, Aborotá, Sebo- 
ruco y muclios otros, que sinembargo de ser tan anti- 
guos, su erección en parroquia es relativamente moder- 
na. ¿ 

Tal era, pues, el estado de la Gobernación y Capita- 
nía General de Mérida y el Espíritu Santo de la Grita 
en el Nuevo Eeino de Granada para el año de 1G7G, en 
que se le agregó la ciudad de Maracaibo, separándola 
de la Gobernación de Venezuela á que pertenecía -desde 
su fundación. De suerte que Maracaibo quedó desde 
esta fecha dependiente en lo civil del Gobierno de Mé- 
rida y en lo eclesiástico del Obispado de Caracas ó Ve- 
nezuela. 

III 

1777 

Noticia histórica sobre la erección del Obispado de Mérida 
y los distintos territorios que entraron en su demarca- 
ción. 

Todos los pueblos y territorios que componían la an- 
tigua Gobernación de Mérida y La Grita que, desde 
.1750 en adelante, poco más ó menos, empezó á llamarse 
simplemente Provincia de Maracaibo, por residir el Go- 
bernador en la ciudad de este nombre, pertenecían á la 
Aiquidiócesis de Bogotá, excepto la ciudad expresada 
de Nueva Zamora de Maracaibo, segregada de la Go- 
bernación de Veuezuela y agregada á la de Mérida en 
1G7G, la cual dependía desde su origen del Obispado de 
Venezuela y continuó dependiendo de él hasta 1777, en 
que se erigió el Obispado de Mérida. 

De suerte, pues, que el nuevo Obispado de Mérida se 
formó con territorios desmembrados del Arzobispado de 
¡Sautafé de Bogotá, que eran las más grandes y de más 
pobladores, como se dice en la Bula de erección, y con 
desmembración de otros menores pertenecientes al Obis- 



55 

pado de Venezuela. Los primeros eran los siguientes: 

La ciudad de Mérida y toda su jurisdicción, en que se 
incluían sus costas del Lago desde el límite con Tmjillo 
hasta la punta de Samyedro ó desembocadura del Esca- 
lante. 

La ciudad de La írrita y toda su jurisdicción, que por 
la parte del Lago comprendía desde la desembocadura 
del mencionado río Escalante hasta la del Catatumbo. 

La villa de Sancristóbal y toda su jurisdicción, que 
por el mismo rumbo se extendía desde el límite con La 
Grita hasta los brazos de Heriría por la banda occiden- 
tal del Lago. 

La ciudad de Barinas y toda su jurisdicción. 

Y la ciudad de Pedraza con la suya, todo lo cual for- 
maba parte del Arzobispado de Bogotá desde el origen 
y fundación de los referidos lugares. 

Del Obispado de Venezuela ó de Caracas eran los si- 
guientes territorios : 

La ciudad de Maracaibo y sus términos, en que se in- 
cluían la villa del Rosario de Perijá, los puertos de Al- 
tagracia y los pueblos de Misoa y Lagunillas. 

La ciudad de Trujillo y su jurisdicción, en que se in- 
cluían sus pueblos <íe la costa, La Ceiba, Moporo y To- 
moporo. 

Y la ciudad de Coro con toda su jurisdicción. 

Tal fué la primera comprensión del Obispado de Mé- 
rida, cuya Bula de erección, fechada el 16 de Febrero 
de 1777, aparece publicada en los Documentos para la 
Historia de la vida pública del Libertador, coleccionados 
por Blanco y Azpnrúa. 

Por cédula de 12 de Marzo de 1790 dispuso el Rey la 
agregación de la ciudad de Pamplona y parroquia de 
San José de Cúcuta al mismo Obispado de Mérida, se- 
gregándola del Arzobispado de Bogotá, del cual fué su- 
fragánea la nueva Diócesis hasta el año de 1804, en que 
se erigió el Arzobispado de Caracas y Venezuela por 
Cédula de 16 de Julio de dicho año, dáudole por sufra- 
gáneos á los Obispos de Mérida y Guayana. 



— m — 

IV 

1781 

Insurrección de las provincias de Mérida, La Grita y Vi- 
lla de San Cristóbal en el movimiento revolucionario de 
los comuneros del Socorro. 

Sabido es que esta revolución tuvo origen en la ciu- 
dad del Socorro, en Nueva Granada, el 1(5 de Marzo de 
1781, y que su causa inmediata fué el descontento ge- 
neral por el cobro de los impuestos reales, principalmen- 
te el de las Alcabalas. 

De la historia de este movimiento se conocían pocos 
detalles, basta 1880 en que se publicó en Bogotá la obra 
titulada Los Comuneros — Historia de la Insurrección de 
1781, por Manuel Briceño, de la cual trascribiremos en 
seguida los párrafos referentes á las provincias insurrec- 
tas de Venezuela. Al final del Capítulo III se hallan los 
siguientes : 

"Las gentes de Ocaña resolvieron secuudar'el movi- 
miento revolucionario y obligaron á aceptar el título de 
Capitanes á don Antonio José de Eiucóu, don Buena- 
ventura de León y don Martín Castillo. 

"No sucedió lo mismo en Cuenta. El Cabildo ordenó 
la resistencia y solicitó auxilio del Gobernador de Ma- 
racaibo. Los pamploneses, encabezados por los Capita- 
nes Generales don Juan José García, don Antonio Díaz 
y don Martín de Omaña, resolvieron marchar sobre Cu- 
enta. Eeunidos con las gentes de Arboledas, Silos, Pa- 
lograude y 500 indios flecheros de Güicáu, tomaron la 
población después de una pequeña resistencia y obliga- 
ron á los vecinos á organizarse á las órdenes de los Ca- 
pitanes don Salvador Santander, don Eugenio de Orna- 
ña y Galaviz, don Manuel José Mal donado y don Juan 
Salvador Fernández. 

"La revolución ocupaba todo el territorio del Táchira 
á Santa Fé, y día por día crecía el entusiasmo. Corregi- 
dores, Alcaldes y Jueces habían cesado en sus destinos, 
y á las leyes de indias habían sucedido los reglamentos 
y decretos del Supremo Consejo de Guerra. 



íu 

Más adelante, en el Capitulo V de la misma citada 
historia, se encuentran estas noticias más precisas sobre 
el movimiento en los pueblos venezolanos de la Cordi- 
llera : 

"Al Norte la insurrección ganaba terreno. El Capitán 
General don Juan José García, entró can una columna 
de tropas á las provincias de Sancristóba! y Mérida y 
todos aquellos pueblos juraron obediencia al Consejo 
Supremo del Socorro y se unieron con entusiasmo á la 
insurrección. : 

"Formaron el Común de La Grita don Felipe Antonio' 
de Molina, don Blas Gabriel Escalante y don Manuel 
García, y este asumió el mando Supremo en las dos pro- 
vincias. Organizados los Comunes en aquellos pueblos, 
regresó á Pamplona el Capitán General García y el Go- 
Ivemador de Maracaibo envió una expedición á órdenes 
del Ayudante Mayor don Francisco Alburquerque, 
quien ocupó á Mérida y sometió á las demás poblacio- 
nes de las dos provincias sublevadas. 

"La revolución debió extenderse á otras provincias 
de la Capitanía General' de Venezuela, pues en una 
Eeal Orden de 30 de Enero de 1783, el Key aprueba las 
disposiciones del Señor Caballero y Góngora para que 
el indulto comprendiera á los sublevados de Caracas." 

Hasta aquí los datos que nos suministra la obra de 
Briceño. Ahora, en vista de manuscritos originales de 
aquella época, se deduce que á más de la expedición de 
Alburquerque,- procedente de Maracaibo, el Capitán Ge- 
neral de Caracas D. Luis de Unzaga, al saber el movi- 
miento ordenó que viniesen á^ Mérida cien hombres, sin 
perjuicio de la expedición de Maracaibo, detrás de los 
cuales, que venían por Trnjillo, envió después más gen- 
te al mando del Teniente Coronel Bou Juan de Salas, 
con todo lo cual se contuvo en sus principios la rebelión, 
aunque agravándose desde esta fecha aún más la opre- 
sión del Gobierno de Maracaibo sobre las provincias su- 
blevadas, pues en lo sucesivo, hasta 1810, se mantuvo 
en Mérida un cuerpo de tropa veterana, en calidad de 
expedicionaria, al mando de un Comandante, con el fin 



58 

de conservar en la sumisión los pueblos del interior, cu- 
yo descontento crecía cada vez más. 

Tal fué la insurrección de las provincias de Mérida, 
La Grita y Villa de Sancristóbal, conocida con el nom- 
bre de la rovolucióu de los Comuneros, la cual fué in- 
mediata precursora de la del 19 de Abril de 1810, secun- 
dada unánimemente por los mismos pueblos. 

V 

1810-1824 

Datos Históricos sobre la Independencia de las antiguas 
provincias de Mérida y Trujillo,* en relación con sus lí- 
mites por la parte del lago de Maracaibo. 

Antes de referirnos á la transformación política efeo- 
tuada en las provincias de la Cordillera venezolana en 
1810, conviene observar que por Keal Cédula de 15 de 
Febrero de 1786, á solicitud del Ayuntamiento de la ciu- 
dad de Barinas, se erigió la provincia de este nombre, 
separando su territorio del Gobierno de Maracaibo, y 
que por la misma real Cédula se agregó á éste la ciu- 
dad de Trujillo y sus términos, separándola -tlel Gobier- 
no de Caracas, á que pertenecía desde sii fundación. 

El 10 de Setiembre de 1810 Mérida se separó de he- 
cho y de derecho de la dependencia del Gobierno de 
Maracaibo, proclamando y siguiendo con entusiasmo la 
célebre revolución iniciada en Caracas el 10 de Abril, 
acompañada en este acto de todos los Partidos Capitu- 
lares que formaron con ella el antiguo Gobierno y Capi- 
tanía General de Mérida y.el Espíritu Santo de la Grita, 
cuya capital había sido trasladada á la ciudad de Mara- 
caibo, después de la agregación dfc ésta á dicha Provin- 
cia; á saber: la ciudad de La Grita, la ciudad nueva- 
mente erigida de Sancristóbal, la cilla de Sanantonio 
del Táchira, la villa de Lobatera, la villa de Bailadores, 
la villa, de Ejido y la villa recién erigida de Timotes, to- 
das con sus respectivas jurisdicciones, excepto la ciudad 
y partido de Gibraltar, con otros pueblos y territorios de 
las costas del Lago de Maracaibo de las jurisdicciones 



59 

de La Grita y Saneristóbal, .que fueron ocupados inme- 
diatamente por las fuerzas realistas que envió el Gober- 
nador Miyares al saber la actitud y movimiento separa- 
tista de estas provincias. 

Por su parte, Bariuws y Trujillo siguieron á Caracas 
en esta revolución en que las Proviucias de Venezuela 
asumieron su autonomía y constituyeron gobiernos pro- 
pio?, emanados de la voluntad popular. 

A pesar de que lajnimera y más grave atención de 
las provincias de Mérida y Trujillo, fue prepararse para 
resistir á las tropas expedicionarias del Gobernador Mi- 
yares, que amenazaban invadir por todos los puertos y 
ríos navegables, en términos que los Capuchinos nava- 
rros que tenían allí sus misiones elevaron queja contra 
dicho Gobernador por la violencia que se le hacía á los 
pueblos de su cargo para mantenerlos en la sumisión y 
que no siguiesen el movimiento de los rebeldes ; apesar 
de esto, algunos pueblos de la costa, entre ellos La Cei- 
ba, lograron por el momento sustraerse de aquella su- 
misión y unirse á sus hermanos del interior, como apa- 
rece de las representaciones que el Diputado por Mará- 
caibo D. José Domingo Bus hizo á las Cortes de Espa- 
ña en 1812 y 1814. 

Sobre este particular hablaba el célebre Antonio Ni- 
colás Briceño, nuestro representante en el memorable 
"Congreso de 1811, al reseñar los merecimientos de los 
primeros patriotas de Mérida y Trujillo que compusieron 
las Juntas Patrióticas y entre las cu;;les se contaban va- 
rios eclesiásticos y miembros de su familia, á propósito 
de refutar un escrito que apareció en el Patriota de Vene- 
suela, periódico de Caiacas. Con fecha 14 de Agosto de 
1811 el Diputado Briceño publicó dicha refutación, y de 
ella tomamos el siguiente pasaje : 

''Ellos han palpado (los habitantes de estas Provincias) 
las medidas activas y eficaces que estos Eclesiásticos, 
con los demás vocales seculares, han dado y executado 
para la seguridad del país, cortando los caminos estre- 
chos con fosos, poniendo en todas las alturas inmedia- 
tas á la costa, montones de piedra para resistir con ellas 
á las tropas de Maracaybo, antes de tener los diez y seis 



GO 

cañones de bronce, que hoy poseen, con suficiente aco- 
pio de balas y ollas de campaña, fabricado todo en su 
terreno propio, sin pararse en industria y actividad, por 
conseguir poner allí los molinos y fabrica de pólvora, en 
cuyos ensayos se trabaja actualmente con el mayor ar- 
dor. Y últimamente han visto el desinterés con que esos 
vocales, formando una Constitución Provincial, casi 
igual á la de Barinas, han sido renovados por otros en 
número de cinco, electos con la mayor imparcialidad. 
No ha sucedido menos en la Proviucia de Trujillo : ella 
estableció su Junta, que el autor llama de familia, con 
toda la libertad y pureza que merecía este acto : ella lo- 
gró con la mayor sagacidad y valor, sin tener armas al- 
gunas, expeler las tropas armadas que el Gefe de la La- 
guna mantenía allí, para oprimir á sus habitantes, sin 
haberle llegado auxilio alguno de sus aliados antes de 
executar esta arrogante y valerosa resolución, que no 
ha tenido igual en los fastos de la emancipación Vene- 
zolana: ella ha mantenido á sus expensas las tropas su- 
yas y de sus aliados que defienden el cantón de Beti- 
joque : han sacrificado sus caudales en el exército do 
Occidente, adeudándosele aun gran parte del producto, 
de sus moes en la Administración de Guauare." 

Déla misma manera que quedaron fuera de la prime- 
ra Confederación Venezolana las provincias de Coro, 
Maracaibo y Guaya na, por la opresión "que sufrían eu 
1811, así mismo vinieron á quedar fuera de las Provin- 
cias independientes de Mérida y Trujillo sus pueblos y 
territorios de las costas del lago de Maracaibo, por la 
opresión que sobre ellos ejercían las fuerzas realistas 
que allí mantenía el Gobernador D. Fernando Miyares. 
Yes este el origen de la controversia de límites entre el 
Estado Zulia y ios Estados de los Andes venezolanos. 

Y para mejor inteligencia de dicho asunto conviene 
tener en cuenta que hasta 1810 se entendía por- Provin- 
cia de Maracaibo lo que fué primeramente, como está 
demostrado, Provincia ?/ Capitanía General de Mérida y 
el Espíritu tíanto de la Grita, que de mediados del siglo 
XVIII en adelante perdió este nombre y tomó aquel 
otro por la circunstancia de residir el Gobernador en la 



— Gl 

■dudad de Maraeaibo, el cual ejercía su jurisdicción po- 
lítica y civil sobre toda la vasta comprensión de aquella 
Capitanía General, esto es, sobre las provincias de Mé- 
rida y Táehira, sobre la de Barinas, hasta 1780, y de es- 
te año en adelante sob^o la de Trujilio, según se deja in- 
dicado. Por lo cual no debe confundirse, por ningún 
respecto, la superior jurisdicción de dicho Gobernador 
sobre todos y cada uno de los lugares de tan dilatada 
Provincia, con la jurisdicción que, como cabe/a de un 
Partido Capitular, ejercía la ciudad de Maraeaibo por 
medio del mismo Gobernador ó de sus Justicias, confor- 
me al régimen colonia!, sobre los términos de dicho Par- 
tido Capitular de Maraeaibo, que para el año de 1810 lo 
formaban dicha ciudad y sus parroquias, las villas de 
Perijá y Altagraeia, los pueblos de La Pita, Cabimas, 
Lagnuillas y Misoa, y la villa de Sinamaica, que le fué 
agregada per Cédula de 26 de Mayo de 1792. 

Declarada ¡a independencia nacional por el Congreso 
*!e Venezuela el 5 de Julio de 1811, la Provincia de Ma- 
rida, instaló su primera Asamblea Constituyente el 21 
«leí propio mes y año, y diez días después, el ol de Julio, 
sancionó su Constitución, reservando para el aniversario 
<le su Independencia, el 10 de Setiembre, el acto de ju- 
rarla solemnemente y -la bendición de las primeras ban- 
deras de la Eepública, 

Las tropas realistas del Gobernador de Maraeaibo, 
<nie ocupaban las costas de la Provincia, la invadieron 
-este mismo año per San Carlos de Zulia y se apoderaron 
de Bailadores, pero las fuerzas escasas de Mérida, pues- 
tas al mando de 1). Vicente de Campo Elias, en número 
<ie;200 hombres, auxiliadas con otros 200 que envió la 
Provincia independiente de Barinas al mando del Co- 
ronel D. Pedro Briceño, obligaron al enemigo á volver- 
se para Maraeaibo por la misma vía sin presentar com- 
bate. 

En seguida del espantoso terremoto del 20 de Marzo 
ile 1812, que en sólo la ciudad de Mérida causó más de 
ochocientas víctimas, vino la reacción española, tanto 
más temible cuanto que los pueblos eran impotentes 
para contenerla, diezmados como estaban y- llenos de 



G2 

pánico. El canario Yañes invadió la Provincia de Mo- 
lida y la sometió con sus tropas ; y detrás de él el Co- 
mandante Francisco Ugarte, enviado por Mijares, en 
calidad de Jefe Militar, acabó de afligir la nueva Pro- 
vincia, poniendo en prisiones á slis hombres mas cons- 
picuos, inclusive á los ministros del Altar, que fueron 
remitidos bajo partida de registro á Maracaibo y última- 
mente á las bóvedas y pontones de Puerto Cabello por 
orden de Miyares. 

Esto se efectuó durante él mes de Junio de 1812, á 
tiempo que por vía de Cuenta entraban también á la 
Provincia el Coronel I). Eamón Correa y el Teniente D. 
Manuel de Cañas con tropas de Maracaibo, que se adue- 
ñaron de los indefensos cautones del Táchira, después 
(le un combate, último y heroico esfuerzo de los patrio- 
tas en aquel año aciago, que se libró en la villa de San- 
antonio el 13 de Julio de 1812. 

Empieza aquí una larga serie no solo de persecuciones 
personales contra todos los miembros de las Juntas Pa- 
trióticas y hombres influyentes de la azotada Provincia 
independiente, sino de expropiaciones y despojo de las 
cosas más sagradas y valiosas que Mérida poseía: las 
autoridades realistas de Maracaibo, por sí y por medio 
de su Diputado D. José Domingo Rus, pidieron con re- 
petidas instancias á las Cortes y Rey de España, en los 
años de 18P2, 1813 y 1814, que se privase á Mérida eu 
absoluto de sus institutos y rentas, á saber : 

Que se le quitase la Catedral con su Cabildo Eclesiás- 
tico y rentas, para establecerla en Maracaibo : 

Que se le quitase el Seminario con su Colegio, Estu- 
dios Generales y anexos y dependencias, en que entra 
ban sus rentas y su Biblioteca de más do treinta mil vo- 
lúmenes, para establecerlo en Maracaibo. 

Que se le quitase el Convento de Monjas Clarisas, es- 
tablecido aquí desde 1051, con sus propiedades y rentas, 
para establecerlo eu Maracaibo. 

Que se le quitase el producto de sus diezmos, que en 
sólo las cabezas de partido Mérida, La Grita y ¡Sancris- 
fcóbal montaban á más de veinte mil fuertes, para que 



m- 

ingresase esta cuantiosa renta á la iíeal Caja de Mara- 
ca i bo. 

Que se le quitase la rica hacienda de Las Tapias ó su 
valor, que un vecino de Marida, D. Ventura de la Peña, 
había donado á los Jesuítas desde el año de 1628, para 
que este haber entrase á la Real Caja y Tesorería de 
Maracaibo. » 

Y últimamente que Mérida debía ser reducida á sus 
límites rurales, es decir privada de su jurisdicción sobre 
los pueblos y territorios que formaban su extensa pro- 
vincia. 

El Diputado Pus para justificar estos despojos, dijo á 
las Cortes en representación de 10 de Julio de 1812 en- 
tre otras cosas lo siguiente : 

"Se ha visto, pues, que no es el Báculo ni la Mitra lá 
que contienen á los rebeldes, ellos saben oprimirla; y 
tal han executado los Merklanos con nuestro buen pas- 
tor D. Santiago Hernández Milanos, á quien obligaron 
á jurar, y á mi opinión, precisaron á su último arrojo de 
independencia, sin carácter para tanto, habiendo logra- 
do afligir su sagrada persona, que al fin por las últimas 
noticias ha quedado con Mérida rebelde baxo la ruina 
del terremoto desengañador del jueves santo á la misma 
hora en que los pueblos de su nuevo gobierno publica- 
ron el de su partido Federal para erigirse en provincia, 
separándose escandalosamente de su madre capital Ma- 
raca y bo, á quien pocos días antes de su criminal reso- 
lución había ofrecido su obediencia y respeto, para se- 
guirla en sus pasos de lealtad y Patriotismo, y adherirse 
á la santa causa porque luchaba la Patria en su agonía 
por ella, más acreedora que nunca á nuestros auxilios y 
constancia. Hablen aquí los papeles de correspondencia 
con esta hija desconocida, y diga lo que callo por mode- 
ración, el testimonio íntegro que agrego baxo el núme- 
ro 6, para que se conozca que Mérida es indigna de su 
primera garantía Episcopal, de su seminario, que hasta 
el nombre debe variar; y de otro salvo conducto que eí 
de la fuerza para coutenerla dentro de sus límites rura- 
les, y hacerla volver á sus conocimientos y utilidades, 
puesto que ni por su recinto, ni por' sus negocios, ni por 



— 64 — 

mi local, ni por sn último porte y con testaciones inso- 
lentes, es acreedora á otra cosa, que á lo que tuvo qu an- 
do nació, y á lo que la ban retínenlo el infortunio, sin 
edificios, sin colegios, sin iglesia, para eterno recríenlo 
de la ira. santa, que nunca tarda qu escarmentar la reve- 
lión, y siempre supo corregir á sus autores primeros, des- 
tinándolos á el abismo por toda uur/» eternidad^ 

En este y otros pasajes de sus escritos revela el Dipu- 
tado Rus el poco conocimiento de la historia de su ciu- 
dad nativa y provincias vecinas, pues Mérida desde que 
naeió tuvo vida propia y extensos límites, y era dueña 
y poseedora de la mitad del lago y su navegación y co- 
mercio, cuando en 1676 le fué agregada la ciudad de 
Nueva Zamora de Maracaibo en calidad de subalterna ; 
y precisamente, al recuperar Mérida en 1810 su catego- 
ría de Provincia^.no hizo otra cosa que volver á lo que 
turo eu&ndo nació, excepto sus términos de las costas del 
lago, que de hecho y por fuerza mayor quedaron en po- 
der de Maracaibo. 

La historia de estos despojos puede verse en un cua- 
derno de 166 páginas, cuyo titulo y pie de imprenta di- 
cen así : Maracaybo representado en todos sus ramos, por 
m hijo Diputado á Cortes Don José Domingo Rus, Ortega 
de Azarraullia, Oidor de la Real Audiencia de Quadala- 
xara en Indias, Reino de la nueva Galicia, por S. 31. C. 
el Señor Don Fernando VII de Berbén, y su Real De- 
creto de 2A de Septiembre de este año de 1814. — Madrid: 
MDCCCXIV.—En la Imprenta de Vega y Compañía, 
Calle de Capellanes. — Coi i licencia. 

No tuvo mejor suerte la Provincia independiente de 
Trujillo, para donde fué de comisionado pacificador el 
Corouel Don Pedro Fernández. Y refiriéndose á esto en 
1857 los distinguidos patriotas D. Juan E. Delgado y 
D. Juan E, González, en un Historial sobre la revolu- 
ción de Maracaibo para agregarse á Colombia, dicen lo 
siguiente : "Las estorsiones sufridas por aquellos habi- 
tantes á consecuencia de la comisión, no se pueden des- 
cribir de un modo más enérgico y significativo que ex- 
presando el titulo ó ( nombre qué obtuvo en aquel tiem- 
po: llámesele "El terremoto de Trujillo.'' 



-05- 

Mérida y Trujillo recuperaron su independencia en la 
gloriosa campanil de Bolívar en 1813; peso tan luego 
quedó desocupada la Provincia por las tropas libertado- 
ras é indefensa, por haber auxiliado á Bolívar con cnan- 
to pudo de gente, anuas y caudales, el Gobernador Mí- 
yares volvió á invadirla repetidas veces, procurando la 
anexión al Bey de los Distritos de Bailadores y La Gri- 
ta, movimientos qu£ Mérida supo contener, hasta Se- 
tiembre de 1814, en que después de la heroica retirada 
de! General Urdaneta, cayó nuevamente la Provincia 
en poder de los realistas. 

De nuevo fué libertada, lo mismo que Trujillo, por 
los ejércitos de Bolívar en 1820 ; y durante el Armisticio 
de ese año, pactado en Santana, proclamaron su inde- 
pendencia primero Gibraltar y las costas del Lago, á 
principios de Enero de 1821, y en seguida la ciudad de 
Maracaibo^ al amanecer el día 28 del. propio mes y año. 
Siendo las costas parte del territorio ocupado por los 
realistas, lo mismo que Maracaibo, para la fecha del ar- 
misticio, incorporarlas á las provincias independiente» 
de Mérida y Trujillo, á que pertenecían, era una mani- 
fiesta violación de aquel Tratado ; de suerte, pues, que 
se obtó por nombrar á D. Juan E. González Gobernador 
de dichas costas, encargándole de la organización de to- 
dos los ramos y muy especialmente dándole instruccio- 
nes para la recepción del Batallón Tiradores de la Guar- 
dia que debía situarse en Gibraltar para apoyar el pro- 
nunciamiento de Maracaibo. Pronunciada esta ciudad 
en la fecha indicada, el General Urdaneta organizó la 
nueva Provincia independiente de Maracaibo, incluyen- 
do en ella las referidas costas, que quedaron sometidas 
al Gobernador político y militar de aquella plaza. 

Bien se comprende de este historial, basado en testi- 
monios fidedignos y en documentos públicos, que la po- 
sesión ejercida por Maracaibo en las costas del lago per- 
tenecientes á los Estados ribereños Trujillo, Mérida y 
Táchira, es una posesión manifiestamente de hecho en 
su origen, y más que de hecho, una posesión obtenida 
mediante la fuerza desde el año de 1810. 

En este estado se dictó por el Congreso j4e Colombia 



66- 

la primera ley de ilivisióu territorial de la gran líepú- 
blica el año de 1824, reconociendo por límites de las 
provincias y depar lamentos los actualmente conocidos, ó 
que por ella se señalasen, es decir, ateniéndose á la po- 
sesión en (pie para dicho año estuviesen las provincias 
y departamentos; y por ello continuó la Provincia de 
Maraca i-ik) en posesión de las costas de las provincias ri- 
bereñas del lago de Mérida y Trujifio. Pero la misma 
ley de 1824 dejó á salvo los derechos de los pueblos que 
resultasen perjudicados de tal división territorial, porque 
expresamente dice al fiual del Aii'. ! 17 : "El Poder Eje- 
cutivo, sin embargo, hará levantar los mapas y adquirir 
las noticias y conocimientos necesarios, para que, pasán- 
dolos al Congreso, la Legislatura designe definitivamente 
los límites de los departamentos, provincias y cantones." 
Es obvio que este mandato no se cumplió, dando motivo 
á la controversia de límites entre las provincias primero 
de Mérida y Maracaibo, y hoy entre los Estados Fede- 
rales Zulia, Mérida y Táchira, controversia que ahora 
se trata de resolver, en el terreno de la equidad y la 
justicia, á virtud del Decreto del Ejecutivo Nacional de 
29 de Mar/o del presente año de 1901. 

Mérida— 1901. 

VI 

1810 

XI ti possidetis de 1810. — Doctrina jurídica establecida so- 
bre el particular por el Gobierno de Venezuela. 



Como por parte del Estado Zulia se ha alegado el Uti 
possidetis en la cuestión de límites con la antigua pro- 
vincia de Mérida, conviene fijar aquí la historia y verda- 
dera aplicación de este principio para demostrar que no 
es procedente en dicho asunto. 

Él Uti possidetis de 181.0, en punto á demarcación te- 
rritorial, fue establecido por los Estados hispano-ameri- 
canos en sus primeras constituciones políticas, "como 
un principado justicia y prenda de paz en materia de 
límites", según las palabras de D. Antonio Leocadio Guz- 



G7 

man, Plenipotenciario de Venezuela, quien añade, tra- 
tando este punto de derecho público en documento ofi- 
cial, que este Uti possideMs no ha podido ni puede refe- 
rirse é\ facto, sino que es el Tlti possidctis de derecho el 
que generalmente ha fido sancionado por los pueblos 
americanos. 

Siendo, pues, esté* principio, por su origen y aplica- 
ción, una mera regla de derecho público internacional, 
no es aplicable á controversias de carácter interno, ó 
sea, á disputa de límites entre provincias de un mismo 
Estado ó Nación; pero aun aceptando tal principio co- 
mo argumento de analogía en la presente cuestión de 
límites entre el Zulia y los Estados Marida y Táchira, 
obraría en favor de éstos y no de Maracaibo, puesto que 
era la antigua provincia de Mérida y no el Zulia quien 
de derecho poseía á Gibraltar y sus costas, siendo así 
que la jurisdicción ejercida entonces por Maracaibo so- 
bre dicho puerto y costas provenía sólo del mando su- 
perior que como capital de la provincia del mismo nom- 
bre venía ejerciendo sobre todos los lugares de la pro- 
vincia de Mérida, de la cual eran parte integrante aque- 
llos territorios desde el tiempo do la conquista. 

Pero á partir del 16 de Setiembre de 1810, en que la 
provincia de Mérida, siguiendo la revolución de Caracas 
del 10 de Abril, se separó de hecho y de derecho del go- 
bierno de Maracaibo, la posesión que continuó ejercien- 
do esta ciudad sobre el litoral mencionado, no solamen- 
te fue una posesión de facto, sino de fuerza mayor, como 
está demostrado. 

Viene en apoyo de esto la doctrina clara y precisa es- 
tablecida por Venezuela sobre el Tlti possidetis en el Ale- 
gato sobre límites con Colombia, obra del célebre publi- 
cista Dr. Julián Viso (Madrid, 20 de Octubre de 1883), 
que dice así : 

"Las Repúblicas hispano-americanas aceptaron el uti 
possidetis de 1810 como principio de paz y concordia, 
respetando así la respectiva posesión real y actual en 
aquella fecha y evitando cuestiones posteriores por alte- 
raciones territoriales. Pero la autorización para retener 
la posesión actual, como prenda de paz, no excluye el 



, 08 

litigio sobre el dominio ó propiedad del territorio. Kl 
propietario en el juicio de reivindicación tiene el jus 
possidendi y tiende á probar en el litigio su derecho de 
propiedad, y el que goza del uti ]¿ossidentis tiene la ac- 
tual posesión durante el juicio, y la conservará si aquel 
no prueba su derecho de propiedad ó el jus possidendi? 
Ante declaraciones tan explícitas como autorizadas 
resulta, pues, que si el Uti possidetis de 1810 fuese apli- 
cable á la cuestión de límites audino-zuliauos, !o sería 
indudablemente para robustecer el justo y bien probado 
derecho de los pueblos de la Cordillera á las costas que 
reclaman como ribereños del Lago de Maracaibo. 

Y1I 

1841 

La Geografía de Codazzi. — Declaratoria del Gobierno de 
Venezuela sobre carecer dicha obra de aprobación y ca- 
rácter oficial. 



Se ha alegado también por parte del Zulia la demar- 
cación geográfica hecha por el Coronel Agustín Codazzi 
cu su Resumen de la Geografía de Venezuela, que apare- 
ció en 1841, sin duda en la fe de que dicha obra es ofi- 
cial. Para convencerse de que no tiene tal carácter, bas- 
tará con copiar en seguida el pasaje de la Memoria de 
Relaciones Exteriores de Venezuela en 1858, que oportu- 
namente nos ha suministrado el distinguido estadista 
D. José Ignacio Lares. Dice así, tratando del asunto in- 
ternacional con Holanda por la propiedad de la Isla de 
Aves : 

"Si el Señor Codazzi no comprendió la Isla de. Aves 
"entre las de Venezuela, su omisión no debe perjudi- 
carla, siendo su obra la de un particular que erró en 
"diferentes puntos. El Gobierno nunca la ha aprobado 
"ni declarádola oficia!, como se supone que es, á pesar 
"de haberle comisionado para la formación de planos, 
"prorrogándole el plazo en que había de presentar el re- 
bultado de sus trabajos, auxiliándole con fondos y los 
"datos que juzgase necesario consultar y admitídole 



00 

'''cierto número de ejemplares en pago de los préstamos. 
"La Nación jamás se lia constituido responsable de las 
"faltas del Señor Codazzi : sus obras no se ejecutaron 
"bajo la inspección desaquella : tampoco se le proveyó 
"de noticias, aunque no se le negaron las que él quisie- 
"ra consultar. El hfceho de encargarle el levantamiento 
'"de cartas, sólo demuestra la necesidad de ellas ; más 
"de ningún modo envuelve expresa ni tácita aceptación 
""de lo que él practicase. La dificultad de la tarea, la cir- 
cunstancia de ser uno de los primeros ensayos, la falta 
"de suficiente número de modelos, la necesidad de que 
"él se atuviese á informes ágenos, el no haber recorrido 
"por imposible todo el dilatado territorio venezolano, 
"subido á sus montañas, seguido el curso de sus ríos, 
""bajado á sus valles, penetrado en sus bosques, explo- 
rado sus minas, ni visitado siquiera la extensión de las 
"líneas divisorias que fija ; todo se combina para con- 
"veneer.de que, por íidelidtid y estudio que se le supou- 
"ga, uu hombre solo no podía salir eon trabajos acaba- 
dlos, y que en la mayor parte de ellos no hizo otra cosa 
"que seguir y copiar á sus antecesores y á los dejnás de 
"quienes obtuvo noticias ; resultando de aquí que la 
"confianza ha sido el primer elemento de su composi- 
ción." 

Pero dado el caso de que la obra de Codazzi tuviese 
•carácter oficial, porque hubiera sido aprobada por el 
Gobierno de la República, tampoco de su demarcación 
geográfica podría deducirse argumento contra Mérida, 
desde luego que el célebre geógrafo no hizo, eu punto á 
límites de las provincias, sino fijar los actualmente co- 
nocidos en aquella, época ; y es lógico que eu su texto y 
cartas geográficas debían aparecer incluidos en la pro- 
vincia de Maracaibo los territorios y costas que Mérida 
¿reclama y que.yá poseía Maracaibo en 1841, posesión 
¿pie Mérida no ha negado y contra la cual reclamó for- 
áiialmente el año antes, 1840, ante el Congreso Nacional. 

Tan claro es este punto, que Codazzi incluyó asimis- 
mo en la provincia de Maracaibo á La Ceiba y sus cos- 
ías, las cuales también poseía para aquella fecha; y, sia 
■embargo, esto no fue parte para que el Congreso de 



70 

1850, por acto expreso, restituyese á Trujillo dichas cos- 
tas, ateniéndose á los títulos de propiedad y de dominio, 
á la naturaleza misma, que señala el Lago como límite 
de los Estados de la Cordillera, y á razones de manifies- 
ta conveniencia nacional. e 

En idéntico caso están los Estados Mérida y Táchira 
que formaron la antigua Provincia dé Metida, y aun en 
condiciones más favorables, si se quiere, porque á Tru- 
jillo le bastaron veinte documentos para probar su de- 
recho, y Mérida para probar el suyo presenta boy ciento 
y más títulos de todo punto fehacientes y de mérito in- 
contestable. 



ÍNDICE CRONOLÓGICO 

de la documentación de Mérida en el asunto de lí- 
mites con el Zuíia, formado por el Dr. Tulio Febres 
Cordero, comisionado al efecto por el Gobierno 
del Estado Mérida. 



(Van mareados con im asterisco los documentos y datos anteriores á 
1891, que no aparecen citados en el alegato de dicho año por haber 
sido hallados después). 



Primera Parte 
Siglo XVI 

1559 — * Primera demarcación de límites entre eí 
Nuevo Reino de Granada y Venezuela por la parte de 
Trnjillo y la Laguna de Maracaibo, de donde resulta 
que la mitad de dicha laguna con sus costas pertenecía 
al primero, ó sea á la primitiva provincia de las Sierras 
Nevadas de Mérida. 

1579 — Descripción de la Laguna de Maracaibo por 
Rodrigo de Arguelles y Gaspar de Párraga, vecinos de 
Nueva Zamora, en que consta que para dicho año, ó sea 
trece años antes de la fundación de Gibraltar, Mérida y 
Trnjillo tenían puertos y comercio en la laguna de Ma- 
racaibo. Documento inserto en la nueva edición de la 
Historia de Venezuela de Oviedo, hecha en Madrid por 
D. Cesáreo Fernández Duro, de la Real Academia de la 
Historia. 

1589 — Acta del Ayuntamiento de Mérida por la cual 
concede unas tierras á Miguel Baltazar de Vedoya en 
la orilla del Lago de Maracaibo, junto al puerto llamado 
"Caravajal." 

1592— Real Cédula sobre la fundación de la Villa de 



72 

¡San Antonio de Gibraltar por comisión del Cabildo, 
Justicia y Eegimiento de la ciudad de Metida. 

1592 — Acta del mismo Cabildo, Justicia y líegimicn- 
to de Mérida por la cual nombra al Capitán Gonzalo de 
Avendaüo para gobernar la nueva Villa de Gibraltar 
(que también se llamó en su origen San Antonio de Mé- 
rida) y le da las instrucciones convenientes. 

1597 — Descripción de la Laguna de Maracaibo hecha 
por el Capitán Gonzalo de Pina Lidueña, donde el mis- 
mo fundador de Gibraltar dice que esta vplla es- del N". 
Reino de Granada y consiguientemente de la pro-yin cía 
de Mérida. Doc. inserto en la nueva edición de la Histo- 
ria de Venezuela de Oviedo, antes citada. 

1600— Real Provisión en la cual consta la destrucción 
de Gibraltar por los indios Quiriquires y la comisión da- 
da al Capitán Diego Prieto Dávila, Justicia Mayor de 
Mérida, para reedificarla y someter á los indios alzados» 

Segtjxda Parte 
Siglo XV JI 

1607 — Real Cédula de 10 de diciembre, por lo cual se 
separa á Mérida de Tunja y se erige en Cor regimiento 
separado, incluyendo en sus términos las jurisdicciones 
de La Grita, San Cristóbal, Barinas y San Antonio de 
Gibraltar. 

1608 — Decreto de 18 de Junio, por el cual el Capitán 
Pedro Vanegas, Corregidor y Justicia Mayor de Mérida, 
nombra en ella, un Teniente por tener que ocuparse en 
la reedificación de Gibraltar y visita de las ciudades de 
Barinas y Pedraza. 

1608 — * Real Cédula de 13 de Abril, por la cual se 
confirma la erección del Corregimiento de Mérida, La 
Grita, San Cristóbal, Gibraltar <£'•' y se nombra Corre- 
gidor por seis años á D. Juan de Agilitar. 



1 o — 



1611 — * Documentó público otorgado cu el Puerto 
de San Pedro, de la jurisdicción de la ciudad de Mérida. 

1612 — Acta del Cabildo, Justicia y Regimiento de Mé- 
rida en que .dispone qsie haya Oficiales Reales en el 
puerto de Gibraltar y se establezca en él una casa de 
Aduana. i 

1623— Citas de! historiador Fr. Pedro Simón, que es- 
cribió sus Noticias Historiales de 1623 á 1626 y que en 
muchos pasajes dice textualmente que (Jribraltar y sus 
costas eran de la jurisdicción de la ciudad de Mérida. 

1623 — * Visita Pastoral del Corregimiento de Mérida 
por el Arzobispo de Bogotá D. Fernando Arias Ugarte, 
según los historiadores Juan Rodríguez Fresle y José 
Manuel Groot. 

1625 — * Erección del Gobierno y Capitanía General 
de Mérida, y noticia sobre su primer Gobernador y Ca- 
pitán General. 

1629— Ley dictada por D. Felipe IV en Madrid á 3.1 
de Mayo, para que los vecinos de la Gobernación de La 
Grita puedan traginar sus frutos en los navios que tu- 
vieren, como se ordena. 

1636 — Establecimiento de los Jesuítas. — El Padre 
Juan de Arcos, Sector del Colegio de la Compañía, pide 
al Gobernador de Mérida y se le conceden tierras en ju- 
risdicciótfde Gibraltar. 

1633 — Establecimiento de los Jesuítas. — El Goberna- 
dor de Mérida concede tierras al Padre Miguel Jerónimo 
Tolosa, Rector del Colegio de la Compañía, para fundar 
hacienda en los llanos de Gibraltar. 

1637 — Setenta y tres títulos ó concesiones de tierras 
á'favor de particulares, expedidas por el Gobierno de 
Mérida, á partir desde el año de 1611 hasta 1637, tierras 
situadas en los llanos de Gibraltar y las demás costas 



74 

de la jurisdicción de Mérida. (En obsequio de la breve- 
dad no se ponen en lista estos títulos). 

1G35 — Real Cédula de 23 de Marzo en que se manda 
asentar en la ciudad de Mérida la Real Caja que había 
sido establecida eu el puerto de Kan Antonio de Gibral- 
tar, donde consta que dicho puerto era de Mérida. 

1643— Real Provisión de 17 de Junio para que los Go- 
bernadores y Capitanes Generales de Mérida y Vene- 
zuela cumplan el auto incluso sobre la fortificación que 
se ha de hacer en la Barra de la Laguna de Maracaibo, 
donde consta que Mérida contribuyó con tres mil pesos 
y con armas para dicha obra, por corresponderle la de- 
fensa de Gibraltar y sus costas. 

1647 — Real Cédula de 8 de Diciembre dirigida al Go- 
bernador de Mérida para que tenga prevenidos los puer- 
tos, castillos y presidios de su provincia contra los ene- 
migos de su Corona, y diligencias hechas en su Cumpli- 
miento. 

1063 — Real Cédula de 15 de Enero para que el Go- 
bernador de Mérida tenga prevenidas las costas y puer- 
tos de su provincia contra los daños que intentan hacer 
los ingleses. 

1063 — Real Cédula de 30 de Enero en que se reitera 
al Gobernador de Mérida la orden de que mantenga eu 
seguridad y defensa las costas y puertos do su Provin- 
cia contra cualquiera invasión de los ingleses. 

1666 — * Descripción de Gibraltar por el historiador 
Esquemeling y defensa «le dicha ciudad contra el pirata 
L' Olonnais, que la saqueó é incendió, donde aparece 
que Gibraltar dependía de Mérida. 

1676 — :> - -'Real Cédula de 31 de Diciembre, que ordena 
la agregación de Maracaibo al Gobierno de Mérida y La 
Grita, tomada de la obra "Alegato de Venezuela sobre 
límites con Colombia." 



{ ¡j 

1076 — * Estado territorial del Gobierno y Capitanía 
General de Mérida y el Espíritu Santo de La Grita para 
el año de 167G en que se le agregó la ciudad de Mará- 
caibo. 

i — 

1083 — Documentos en qne consta qne el Gobernador 
y Capitán Generadle la Provincia de Mérid'a y La Gri- 
ta, residiendo provisionalmente en la ciudad de Mara- 
caibo, cobraba sus sueldos en la ciudad de Mórida, don- 
de tenía su asiento e! Juez de las Reales Cobranzas. 

1696 — Citas del historiador del jST. Reino de Granada 
Fr. Alonso de Zamora, quien en varios pasajes de su 
obra, que acabó de escribir en este aüo, dice expresa- 
mente que Gibraltar y sus costas eran de la jurisdicción 
de Mérida. 

Tercera Parte 
Siglo XYIII 

1701 — * Copia de la cabeza y pie de lín testamento 
otorgado en San Antonio de Gibraltar, del Gobierno del 
Espíritu Santo de La Grita. 

1707 — * Copia de la cabeza y pie de una escritura pú- 
blica otorgada en San Antonio de Gibraltar, del Gobier- 
no del Espíritu Santo de La Grita, 

1728 — * Copia de la cabeza y pie de una escritura 
pública otorgada en San Antonio de Gibraltar, del Go- 
bierno del Espíritu Santo de La Grita. 

1734 á 1743 — Documentos públicos en que consta que 
después de agregada la ciudad de Maracaibo á la Pro- 
vincia de Mérida y aun residiendo yá en dicha ciudad 
el Gobernador, éste continuó titulándose "Gobernador 
de la Provincia del Espíritu Santo de La Grita, Mérida y 
ciudad de Maracaibo <fc*» 

1753 — Cita del Gran Diccionario Histórico de Moreri, 
edición española de 1753, el cual, basado en las descrip- 



76 

clones de los geógrafos Juan de Laefc y Tomás Cornelio, 
Labia del puerto que tenía Marida sobre el lago de Ma- 
racaibo, para sacar sus frutos y mercaderías y traspor- 
tarlos ¿i provincias vecrnas. 

1770 — * Copia del espediente Vormado sobre el recla- 
mo que hizo el Cabildo Metropoliíaijo de Santafé de Bo- 
gotá de los diezmos de varias haciendas pertenecientes 
á Gibraltar, por entrar en los términos del Arzobispado 
toda la jurisdicción territorial de dicha ciudad. 

1777— * Noticia histórica sobre la erección del Obis- 
pado de Merida y los distintos territorios qne entraron 
en su demarcación. 

1781 — * Insurrección de los pueblos de Merida, La 
Grita y Villa de San Cristóbal en el movimiento revolu- 
cionario de los Comuneros del Socorro, y su separación 
de Maraca i bo. - 

1780 á 1789 — * Cita de la obra titulada Diccionario 
Geográjico-Mstórico de Indias por el Coronel Antonio de 
Alcedo, quien pone á Gibraltar en la jurisdicción de Me- 
rida. 

1793 — Copia del expediente formado sobre la nave- 
gación y tráfico del río Chama hasta su desembocadura 
en el Lago, donde aparece (pie el Gobernador de Mara- 
caibo, remitió al ayuntamiento de Merida dicho expe- 
diente para que resolviese lo conveniente^ por ser do su 
jurisdicción. 

Cuarta Paute 

Siglo XIX 

1808— * Oficio del Gobernador de Maracaibo D. Fer- 
nando Miyares en que excita al Ayuntamiento de Me- 
rida para que disponga la composición del camino desde 
Estanques hasta el puerto de Sania liosa. 

1810— * Cuadro general de los indios Motilones que 
tenían á su cargo los Misioneros de la Provincia de Na- 



1 i — — 

varra y Cantabria, ó sea de los pueblos que formaban la 
llamada Pacificación Motilona, los cuales pertenecían al 
territorio de la provincia de- Mérida, hecho por el Pre- 
fecto de dichas Misiones Fr. Miguel de Tíldela en 20 de 
Enero de 1810.' 

1810 á 1821 — * patos históricos sobre la independen- 
cia de las antiguas proviucias de Mérida y Trujilio, en 
relación con sus límites por la parte del lago de Mara- 
•caibo. 

1810--- * TJ'ti possidetis de 1810.— Doctrina jurídica sobre 
el particular establecida por el Gobierno de Venezuela, 

1820 — Acta del Ayuntamiento de Mérida en que 
consta que el Gobierno de la Provincia y dicha Corpo- 
ración se ocupaban en el examen y apertura úel antiguo 
camino del puerto de Gibraltar. 

J829 — Privilegio concedido por el Gobierno de Co- 
lombia á los vecinos de Mérida para abrir el camino de 
Gibraltar, cobrar peaje, derechos de aduana y disponer 
•de las tierras del tránsito. 

1839 á 1840 — Representaciones hechas por la Dipu- 
tación y Gobernación de Ja Provincia de Mérida al Con- 
greso y Poder Ejecutivo Nacional sobre reclamo del 
puerto de Gibraltar, apertura y limpieza del río de La 
Grita y camino de Guamas. 

1841 — * La Geografía de Codazzi. — Declaratoria del 
Gobierno de Venezuela sobre carecer dicha obra de 
aprobación y carácter •oficial. 

1851 — * Resol ución de la Diputación Provincial de 
Mérida de G de Diciembre que autoriza al Concejo Mu- 
aiicipal de la capital para recoger todos los datos y do- 
cumentos sobre límites e.m la Provincia de Maracaibo. 

1850 — Publicación hecha por los señores Ricardo La- 



78 

bastida, Antonio M. Arias y M. M. Carrasquero, fecha- 
da en Escuque el 15 de Febrero de 1856 con el título si- 
guiente: "Sobre la cuestión de límites nuevamente pro- 
movida por Maracaibo, y sobre la conveniencia de dar 
Aduanas á las provincias ribereñas." (Caracas — Impren- 
ta Nacional de M. de Briceño — 1856). 

r 

1863 — Acuerdo é informe del Concejo Municipal de 
Mérida sobre dirigir una representación documentada 
á la Asamblea Constituyente, reclamando á Gibraltar y 
su costa, 

1864 — Representación de Mérida á la Asamblea Cons- 
tituyente de la Federación Venezolana, pidiéndole los 
puertos y las costas que le pertenecen sobre el lago de 
Maracaibo. 

1865 — Informe de la Legislatura del Estado Mérida, 
dirigido á la Alta Corte Federal, á solicitud de ésta, so- 
bre navegación del Lago de Maracaibo, en que el Esta- 
do hace valer sus derechos á Gibraltar y las costas de 
su pertenencia. 

1869 — Representación de los vecinos del Departa- 
mento Gibraltar á la Legislatura del Estado Mérida pa- 
ra que ésta apoye la solicitud que dirigen al Congreso 
Nacional, pidiéndole la segregación de dicho Departa- 
mento del Estado Zulia y su reincorporación á Mérida. 

1871 — * Oficio dirigido por el Presidente del Estado 
Mérida al Ministro de Fomento sobre el impuesto gra- 
voso de dos pesos por cada carga de café establecido 
por el Gobierno del Zulia, en que de nuevo hace valer 
jos derechos de Mérida á las costas de Gibraltar. 

1878- * Reclamo hecho por el Gobierno del Estado 
Mérida á la Asamblea Nacional Constituyente de este 
año, por órgano de sus Representantes, sobre reintegra- 
ción de su territorio por la parte del Lago de Maracaibo, 
acompañado de una representación de los vecinos de Gi- 



70 

braltar y Bobures en aquel sentido, suscrita por más dé 
mil firmas. El proyecto de Decreto que concedía á He- 
rida su litoral de costa había sido aprobado yá en pri- 
mera discusión, cuando fueron suspendidas las sesiones 
de la Asamblea por la guerra que estalló eu ton ees. To- 
do esto consta del expediente y actas respectivos que 
deben existir en el archivo de dicha Asamblea Nacional. 

1890 y .1891 — Junta creada por el Gobierno Seccional 
de Monda, en el Estado Los Andes, para recoger los do- 
cumentos y noticias sobre la cuestión de límites con el 
Estado Zulia, y Alegato formulado por ésta con el tí- 
tulo de El Derecho de Mérida á la costa Sur del Lago de 
Mar acallo. 

1891 — Juicios de la prensa.-? -Cuestión Límites.— Edi- 
torial de "La Opinión Nacional" de Caracas, n? 6.651, 
de 28 de Noviembre de 1891. 

1892— Acuerdo de la Legislatura del Estado Los An- 
des, por el cual declara que los pueblos de Mérida, Tru- 
jillo y Táchira no han renunciado ni renuncian los de- 
rechos que tienen á las costas del Lago de Maracaibo, 
y autoriza al Poder Ejecutivo para promover la reinte- 
gración de dichos territorios. 



s 



1893— Documentos relativos al reclamo hecho por la 
Asamblea Constituyente de Los Andes ante el Congre- 
so Nacional sobre los antiguos límites de dicho Estado 
por la parte del Lago de Maracaibo. 

1896- --Oficio del Presidente del Estado Los Andes al 
del Zulia sobre jurisdicción en las aguas del litoral de 
La Ceiba, en el cual recapitula sobre los derechos que 
tienen los pueblos de los Andes á las costas del Lago 
de Maracaibo, conforme á sus títulos. 

1900— Eesolución del Gobierno del Estado Mérida por 
la cual crea una Junta para acopiar los documeutos re- 
lativos á la cuestión pendiente de límites con el Estado 



§0 

Maracaíbo y hacer el correspondiente estudio de ellos, á 
fin de promover la definitiva resolución de dicho asunto. 

Quinta Parte 

SUjlo XX o 

1901— Oficio de 21 de Marzo dirigido por el Presiden- 
te del Estado Mérida en contestación al de Maracaíbo, 
referente á la cuestión de límites pendiente entre ambos 
Estados, á propósito de la línea provisional establecida, 
en el sitio de "Los Oañitos." 

1901- --Decreto del Ejecutivo Nacional de 29 de Mar- 
zo, por el cual crea una Comisión compuesta de seis 
miembros, dos por cada uno de los Estados Maracaíbo, 
Mérida y Tá chira, encargada de solicitar y estudiar los 
documentos relativos á los limites de los mismos Esta- 
dos y pronunciar su dictamen; 

1901— '.Resolución del Ejecutivo Nacional de 10 de 
Abril, por la cual nombra los comisionados a que se re- 
fiere el Decreto anterior, 

1901— Decreto del Presidente del Estado Mérida, por 
el cual nombra una comisión de varios miembros para re- 
coger los datos y documentos relativos á los límites de 
dicho Estado y entregarlos á los Comisionados Nacio- 
nales respectivos. 

1901- -Acta de instalación de la Comisión Nacional 
de íímites entre los Estados Maracaibo. Mérida y Tá- 
chira, efectuada en la ciudad de Maracaibo el 23 de 
Mayo de 1901. 

1901---Reglamenío dictado por la Comisión Nacional 
de Límites arriba expresada. 

1903— Circular del Ciudadano Ministto de Relaciones 
Interiores á los Presidentes de los Estados de 8 de Oc- 
tubre, sobre división territorial- 



83 

1903- Mensaje del Presidente Constitucional del Es- 
tado Mérida á ia Legislatura del mismo en sus sesiones 
de 1903 á 1904, en el cual trata el asunto de límites, con 
motivo de recomendarla sanción de una nueva ley de 
división territorial. 

> — 

1903— Decreto del Gobierno del Estado Mérida de 31 
de Diciembre, por el cual ordena la 2^ Edición del Ale- 
gato de 1891 titulado "El Derecho de Mérida á la costa 
Sur del Lago de Maracaibo", con las debidas ampliacio- 
nes hasta la fecha. 

1904 — Acuerdo de la Legislatura, del Estado Mérida 
de 5 de Enero, por el cual dispone dirigirse al Ejecutivo 
Federal para que dé solución definitiva á la cuestión de 
límites entre dicho Estado y el del Zulia. 

1904 — Oficio del Presidente Constitucional de Mérida 
al Ejecutivo Nacional, de 26 de Enero, sometiendo la so- 
lución definitiva del asunto de límites con el Zulia á los 
Altos Poderes Federales, de conformidad con lo acorda- 
do por la Legislatura. 



Documentos del Estado Táchira. 

Habiendo formado hasta 1856 los Estados Mérida y 
Táchira una sola Provincia, los títulos y datos de cada 
uno de ellos en este asunto de límites con la antigua 
provincia de Maracaibo favorecen al otro por lógica 
consecuencia ; y por ello anotamos también en este ín- 
dice varios documentos que directamente corresponden 
al Estado Táchira. 

1? "Gran título de propiedad de todo el terreno que 
encierra la antigua jurisdicción de la ciudad de La Gri- 
ta, correspondiente al Ilustre Concejo Municipal y ve- 
cinos de esta misma ciudad", título publicado oficial- 
mente en 1878 en Sancristóbal (Imprenta del Estado á 
cargo de Eulogio Sosa. Folleto de 16 páginas). 



82 

2? Informe de D. Andrés José Sánchez Gozar, en que 
constan los antiguos límites de la Villa de Sancristóbal 
por la parte del Lago de Maracaibo, copiado de un ma- 
nuscrito de la Curia Episcopal de Mérida.- 

< 

3? Noticia histórica sobre la fundación de Pamplona 
y sus primeros límites, según Fr. Pe c dro Simón, seguida 
ríe una nota explicativa. 

4? Noticias históricas de varios autores sobre los Bra- 
zos ele Herina ó río Harinas, hoy Santana. 

5? Naciones indígenas de la Gobernación de Mérida, 
según Fr. Alonso de Zamora, en que incluye ios Bobu- 
res, Ghinatos y Motilones. 

G? Conquista y reducción de los indios Ghinatos y 
Lobateras, ribereños del río Zulia, jurisdicción de San- 
cristóbal, por Fr. Alonso de Zamora. 

7? Interrogatorio y declaraciones donde consta que el 
Gapitán Juan Vejásquez de Velasco, Gobernador que 
fue del Espíritu Santo de La Grita, descubrió el río Zu- 
lia y lo hizo navegable á los puertos de la provincia de 
Mérida. 

8? Concesión de tierra hecha por el Gobernador y Ca- 
pitán General de la Provincia del Espíritu Santo y Mé- 
rida en los llanos de la Grita, vertientes á la laguna de 
Maracaibo, año de 1631. 

9? Concesión de tierras hecha por el Gobernador y 
Capitán General de la Grita y sus provincias, en el sitio 
de Bunnnaquena, aguas vertientes á los Guaruríes, á 
espaldas de los Bailadores. 

10. Concesión de tierra hecha por el Gobernador y 
Capitán General de la Provincia de Mérida en los llanos 
de los Guaruríes, río abajo de Chama, hacia La. Grita, 
año de 10o7. 



S3 

11. Acta del Cabildo y Justicia de Mérida, en la que 
se inserta una Eeal Provisión de 1710 que reitera la pro- 
hibición del trátíco del río Zülia, á solicitud del Teniente 
General de la Provincia de Mérida, Juez de la jurisdic- 
ción. > 

12. Informe de José Domingo Rus, en que describe la 
Villa de Sancristóbal, con una nota de referencia al re- 
clamo hecho en 1775 por el Cabildo de la Metropolitana 
de Bogotá sobre jurisdicción en las costas del lago de 
Míiracaibo. 

13. Remate de los diezmos del partido de la Laguna 
anteel Juez de la jurisdicción de San Cristóbal en 1812. 



ÍNDICE 

Decreto del Gobierno de 1 , Estado Mérida. 

Documentos Preliminares 1' 

El Derecho de Mérida á la Costa Sur del Lago 
.de Maracaibo 8 

Estudios Complementarios : 

I — Erección del Gobierno y Capitanía Ge- 
neral de Mérida 49 

" II — Estado del Gobierno y Capitanía General 
de Mérida para el año de 1676, en que se 
le agregó la ciudad de Maracaibo 50 

III— Noticia histórica sobre la erección del 

Obispado de Mérida 54 

IV— Insurreccción de Mérida, La Grita y 
Sancristóbal en la Revolución de los Co- 
muneros del Socorro 56 

V — Datos históricos sobre la independencia 

délas provincias Mérida y Trujillo. 58 

'WL--TJU possidetis de 1810 — Doctrina sobre 

el particular del Gobierno de Venezuela. 00 

VII-La Geografía de Codazzi — Declaratoria 
del Gobierno de Venezuela sobre dicha 
obra 68 

índice Cronológico de la Documentación de Mé- 
rida en el asunto de límites con el Zulia 71 

Documentos del Táchira 81 



I